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Jorge Ospina Sardi

 

No son válidas las extrapolaciones que hacen los ecologistas radicales en relación con el agotamiento de los recursos naturales del planeta.

 
Esas extrapolaciones no se han cumplido en el pasado. La razón principal por la cual no tienen valor predictivo alguno es porque son proyecciones lineales fundamentadas en un razonamiento estático. Suponen, en primer lugar, que los patrones de consumo de bienes y servicios de la humanidad no se modificarán mayormente en el futuro y, en segundo lugar, que los coeficientes de utilización de los distintos recursos naturales requeridos en su producción se mantendrán invariables a lo largo del tiempo.

Estos ecólogos radicales (y sus simpatizantes) subestiman en forma dramática el impacto de las innovaciones y los cambios tecnológicos a medida que progresan económicamente las comunidades. Es más, sus miopes recomendaciones de política están, por lo general, dirigidas a reducir el crecimiento económico, que es el que en últimas impulsa y hace posible las innovaciones que se requieren para evitar precisamente que las proyecciones apocalípticas del fin del mundo se conviertan en realidad.

Matt Ridley, en un artículo en el Wall Street Journal, menciona varios ejemplos de proyecciones fallidas sobre el agotamiento de recursos naturales (“The World Resources Aren’t Running Out”, abril 25 de 2014). Por ejemplo, Ridley se refiere a esa vieja discusión sobre la cantidad de población que el planeta Tierra puede sostener sin que se terminen los recursos necesarios para su alimentación.

Los economistas argumentan que la producción de alimentos se puede aumentar a niveles muchísimos mas altos que los actuales con mas mecanización y con la utilización de mas fertilizantes, pesticidas e irrigación. Hay estimativos que sugieren que la cantidad de tierra requerida para producir la misma cantidad de alimentos ha caído en promedio, a lo largo y ancho del planeta, un 65% en los últimos 50 años. Ello obviamente debido a las innovaciones en las técnicas de producción.

A su vez, los ecologistas radicales contra argumentan que todas estas innovaciones se basan en el empleo de recursos no renovables que están en proceso de agotarse, tales como el petróleo y el gas natural, o de recursos renovables que se usan tan intensamente que no se pueden reponer lo suficientemente rápido como en el caso del agua. Y concluyen que son insostenibles los altos rendimientos actuales, y menos aún es viable la alternativa de elevarlos en el futuro.

Ridley cita, como exponente de esta visión pesimista, al ecologista Carl Safina que sostiene que si la población actual del planeta tuviera los estándares de vida de los norteamericanos requeriríamos dos y medio planetas para sostener a mas de 2.500 millones de personas que hoy en día viven por debajo de esos estándares. Y Ridley cita también a otro ecologista famoso, E. O. Wilson, que sostiene que sería indispensable que todos nos volviéramos vegetarianos para que el planeta pueda mantener una población de 10.000 millones de personas.

Pero muchos economistas no concuerdan con semejantes conclusiones. Algunos dicen que en muchas partes del planeta, como en el caso de África, todavía se utilizan técnicas de producción agropecuarias muy primitivas. Ridley menciona a Jesse Ausubel, Iddo Wernick y Paul Waggoner quienes concluyeron en sus investigaciones que bajo el supuesto de crecimientos relativamente elevados de la población y del consumo de carne y de otros lujos, y bajo el supuesto de incrementos en los rendimientos de la producción agropecuaria mas lentos que en el pasado, que aún bajo estos supuestos relativamente pesimistas, llegaríamos a necesitar en 2050 menos tierra para la producción agropecuaria que la que utilizábamos en 2000.

Y así también Ridley se refiere a otros pronósticos apocalípticos sobre la escasez de recursos como el agua. Por ejemplo, hace 30 años muchos expertos se pifiaron en sus proyecciones de consumo de agua para esta época. Esas proyecciones preveían un consumo de agua el doble del que se da actualmente. La razón de tan grande error es lo de siempre con estas extrapolaciones: la incapacidad de anticipar el impacto de las innovaciones tecnológicas en los patrones de producción y consumo. En este caso, el uso de nuevas técnicas de irrigación que utilizan y desperdician menos agua y el empleo de sistemas mas eficientes de embalses y acueductos y de reutilización de aguas residuales.

Es pertinente resaltar la incapacidad de muchos de quienes abordan y pontifican sobre estos temas de analizar dinámica y no estáticamente procesos como los económicos. Por ejemplo, cuando un recurso escasea y sus precios reales aumentan se genera una reacción en consumidores y productores. Los primeros restringen y sustituyen el consumo de lo producido con este recurso. Los segundos se incentivan para buscar nuevas formas de producción que utilicen menos cantidades relativas del recurso, para reemplazarlo con otros, o para aumentar su producción con la utilización de tecnologías mas eficientes.

Los ejemplos son de nunca acabar, pero valga citar los cambios que han tenido lugar en las últimas décadas con la menor utilización del acero en la producción de vehículos automotores y en la actividad edificadora, así como los aumentos que se han dado recientemente en la producción de petróleo y gas natural con la explotación de campos de arenas petrolíferas y esquistos bituminosos.

O qué decir de cambios como la introducción y uso extendido del Internet y en general, de todo lo que ha ocurrido últimamente en el ámbito de las telecomunicaciones. ¿Quién hubiera anticipado estas y otras innovaciones hace solo 30 años? Son innovaciones que se han traducido en el uso de tecnologías mas amigables para con el medio ambiente y que han minimizado el impacto de los seres humanos sobre el planeta.

Las comunidades mas ricas, las que tienen un ingreso per cápita mas alto, cuidan mejor sus bosques y fuentes de agua. Utilizan tecnologías que no destruyen sino que transforman los recursos naturales. Manejan mas sabiamente sus residuos y basuras. Y sobretodo producen los excedentes requeridos para financiar las investigaciones que se requieren para avanzar en nuevas innovaciones y en procesos productivos que minimizan el uso de recursos escasos. Gracias a estos excedentes es que se le han abierto a la humanidad las puertas a innovaciones aún mas espectaculares y benéficas que las que se han visto en épocas pasadas.

Pero los ecólogos radicales (y sus simpatizantes) con sus análisis estáticos subestiman por completo la naturaleza dinámica de los procesos económicos. No se dan cuenta que entre mas ricas las comunidades mayor su capacidad para adueñarse de su futuro y para superar las eventuales limitaciones que surjan en el camino. No ven mas allá de lo que ven sus ojos. Ni siquiera son capaces de imaginarse un planeta en el que el crecimiento de la población será mínimo, lo que constituye el escenario mas probable hacia el final de este siglo si se mantienen las tendencias de progreso económico de los últimos cincuenta años.

A estos ecólogos radicales (y a sus simpatizantes) no les da la cabeza para mirar hacia atrás y darse cuenta de las increíbles innovaciones tecnológicas que tuvieron lugar en los últimos dos siglos y de su impacto positivo sobre los estándares de vida de casi toda la población del planeta. Mas desconsolador aun, no se percatan del círculo virtuoso que ellas han generado en relación con los avances en el conocimiento científico. Solo ven lo negativo. Menosprecian la capacidad que han demostrado poseer los seres humanos de adaptación y transformación de sus sistemas de producción y consumo en función de las necesidades y de los desafíos que enfrentan.

La historia de la humanidad está repleta de estos agoreros. Son los que se oponen a la creación de riqueza o los que subestiman su rol fundamental en la solución de los problemas relacionados con la utilización por parte de la humanidad de los recursos naturales renovables y no renovables del planeta. Son los que le ponen talanqueras a las ruedas del progreso económico. A veces las comunidades se dejan seducir por el facilismo intelectual de sus análisis estáticos, pero casi siempre, a la larga, prima en ellas el sentido común que las lleva a apostarle al progreso económico como el camino mas fructuoso para las generaciones presentes y las por venir. Como el único camino que conduce a mas y promisorios avances tecnológicos y a elevaciones ambientalmente sostenibles en los estándares de vida.