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Jorge Ospina Sardi
 
Muchos de ellos le dan la espalda al capitalismo que hizo posible que sean los afortunados herederos de una riqueza que ya quisieran otros.
 
El interrogante que se plantea, y que no aplica a todos los hijos de ricos pero si a un buen porcentaje de ellos, son las razones por las cuales desprecian, y con sus acciones vulneran, al sistema económico que los catapultó a una situación privilegiada en la vida.

Lo primero que hay que decir es que los hijos de ricos no participaron en la creación de la riqueza que disfrutan. Aunque algunos de ellos se dedican a bien administrarla y a acrecentarla, no deja de ser significativo el número que la malgastan y despilfarran sin pudor o remordimiento y que incluso adoptan posturas abiertamente antagónicas al avance del capitalismo. Es en estos últimos grupos en los que se enfoca este ensayo.

Los hijos de ricos destructores de valor económico se podrían clasificar en las siguientes cinco categorías:

1) Los vergonzantes. Son los que no se creen merecedores de la riqueza que ha caído en sus manos. Consideran que su función no es la de conservarla y aumentarla para beneficio propio y de otros seres humanos, sino la de feriarla entre personas que les inspira lástima con el objeto de hacerse a un fácil reconocimiento. En último término, son unos mediocres incapaces de aprovechar con trabajo y merecimientos la lotería que se ganaron en la vida. 

2) Los vividores. Son los que creen que lo que recibieron es un salvoconducto para pasarla bien en este mundo y nada mas. El derroche y el despilfarro son el norte en sus vidas. El sin sentido de lo insustancial es lo que rige sus destinos.  

3) Los diletantes. El mundo les abre tal cantidad de oportunidades con la riqueza que heredaron que se pierden en el camino. Nunca terminan lo que empiezan. Son picaflores en el jardín de la vida. Cambian de actividad al menor inconveniente. Se la pasan de proyecto en proyecto sin concreción alguna. Botan a la caneca lo que poseen embarcándose en intentos empresariales estrafalarios e intrascendentes.
 
4) Los rebeldes. Nunca superan la rebeldía propia de la adolescencia. Los mas honestos intelectualmente renuncian a disfrutar la totalidad o parte de la riqueza a la que tienen derecho. Pero la mayoría, sin renunciar a lo que heredaron, se declaran abiertamente enemigos del sistema que los favoreció y se dedican a financiar causas que buscan menoscabarlo. Su egolatría les impide apreciar los méritos de sus progenitores y las virtudes del sistema capitalista. En el fondo, son unos amargados carcomidos por resentimientos familiares y sociales.

5) Los sabiondos. Creen que su riqueza les confiere la autoridad para procrastinar sobre lo divino y lo humano sin respaldo académico serio. Como no tuvieron que sudarla para hacerse a la riqueza que heredaron, menosprecian los intrincados y arduos procesos que llevan a su creación. Teorizan sobre la necesidad de hacer del capitalismo un sistema sin pecado concebido. Terminan de aliados de quienes propugnan por mayores impuestos sobre ingresos y patrimonios y por la imposición de toda clase de regulaciones estatales que coartan las libertades económicas. Pretenden rescatar al capitalismo despojándolo de las fuerzas que lo hacen creativo y productivo. 

Podría argumentarse que las ingratitudes y los comportamientos díscolos de estos hijos de los ricos son el resultado de errores en su educación. La vida fácil y muelle sin duda contribuye a hacerlos así. Esa teoría, tan funesta en el caso de los ricos, de que hay que darle a los hijos lo que los padres nunca tuvieron en su juventud, produce con inusitada frecuencia efectos de boomerang (efectos indeseables en la formación de la personalidad). Pero además no hay que desconocer que la genética también aporta su granito de arena y que los talentos empresariales no necesariamente se transmiten de una generación a la otra.
 
Infundirle a hijos de ricos valores como los de la importancia del trabajo duro y responsable, de la persistencia, de la focalización, de la humildad en el uso del dinero, y del aprecio al valor de la riqueza ya alcanzada, es sin duda una tarea de titanes. Resulta muy cuesta arriba lograr que comprendan a cabalidad que la riqueza que está a su alcance no es maná caído del cielo sino el resultado de unos muy elaborados esfuerzos propios y ajenos.

Pero si se le mira el lado positivo a todo este cuento se concluiría que la destrucción de valor económico por parte de los hijos de los ricos es uno de los elementos que contribuyen, en las sociedades capitalistas expansivas, a evitar que la rueda de la fortuna se detenga o gire muy lentamente. ¿Qué tal que fuera la norma y no la excepción la existencia de hijos de ricos mas sagaces y mas consagrados a las labores empresariales que sus exitosos progenitores?