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Los columnistas anti Trump se han dado a la tarea de decir que el liderazgo de Estados Unidos está en retroceso. Piensan con el deseo, pues lo que está sucediendo es todo lo contrario.

Uno de esos columnistas de habla hispana, entre tantos otros de todas las lenguas, es Moisés Naím (“Cómo se desmantela una superpotencia”, El Tiempo, 26 de mayo de 2017). Según este escritor: “El comercio internacional no es la única área en la cual Washington está perdiendo liderazgo e influencia internacional. La lucha contra el calentamiento global y la proliferación nuclear, la ayuda al desarrollo y el control a las pandemias globales, la intervención para contener las crisis financieras, la regulación de Internet, la gestión de la actividad humana en los océanos, el aire, el espacio…”

Un filósofo de Buga decía que lo mejor siempre en cualquier análisis era empezar por el principio. Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump está en proceso de engrandecerse aun mas. Trump ya adoptó las primeras medidas para fortalecer el poderío militar de su país. Aunque Estados Unidos es actualmente la potencia número uno en lo militar, Trump se propone ampliar las distancias con sus rivales. Tiene los recursos y la tecnología para lograrlo. Con Obama no había la voluntad política y Rusia y China se le estaban acercando, pero con Trump si la existe y muy firme.

En el sector energético Estados Unidos va en camino de convertirse en una superpotencia. No solo con el empleo de las nuevas tecnologías utilizadas en la exploración y explotación de hidrocarburos, sino además con lo que ha avanzado en fuentes alternativas de energía. Trump acaba de levantar los obstáculos regulatorios que frenaban a esta industria y todo apunta a un boom sin precedentes. Su dependencia en este frente del Medio Oriente y de países como Venezuela es decreciente y tiende a desaparecer por completo.

En lo económico, si logra lo que se ha propuesto, rebajar las tarifas impositivas, desregular (en lo que ya ha avanzado pero le hace falta en la actividad financiera), recortar gastos inoficiosos del gobierno federal (en lo que ya dio la primera puntada con la presentación del presupuesto del próximo año fiscal), y reformar al sistema de salud para volverlo mas eficiente, lo que se vislumbra es el retorno de Estados Unidos al crecimiento económico que se envolató en los ocho años del gobierno de Barack Obama.

Es cierto que no le será fácil a Trump lograr el apoyo del Congreso para la aprobación de sus presupuestos y su reforma tributaria, pero ha tomado la iniciativa, mientras que países competidores como los de la Unión Europea y Japón está estancados con unas muy altas cargas tributarias, con unos muy entorpecedores esquemas regulatorios y con unos gobiernos sin voluntad de cambio. Es claro, entonces que Estados Unidos está en proceso de consolidarse nuevamente como la mas dinámica de la economías desarrolladas del planeta.

Tampoco está en duda el liderazgo de Estados Unidos en todo lo relacionado con la tecnología. Si su economía se dinamiza, si los capitales de todo el planeta vuelven a fluir hacia sus bolsas como ya hay indicios que sucederá, con una inversión en aumento en capacidades militares, el sector de la tecnología tendrá un impulso de proporciones insospechadas.

Un país que es la primera economía del planeta y que está en camino de recobrar su crecimiento, que está ampliando su liderazgo en lo militar y tecnológico, que se está convirtiendo en auto suficiente desde el punto de vista energético, que ha empezado a atraer capitales del resto del planeta, ese país, según Moisés Naím y otros, ¿está perdiendo liderazgo?

Entre otras, Trump le gusta presentarse como líder. Así lo demostró en su reciente primera gira por el Medio Oriente y Europa. Pisó duro, a diferencia de Obama que lo único que hacía en sus giras eran venias y pedir disculpas por ser su país una superpotencia. A los acomplejados de otros países siempre les fascinó el estilo de Obama. Pero en las relaciones internacionales el mensaje mas claro y el que a menos equívocos se presta es que la primera potencia del planeta actúe como tal, y no como un país del montón.

Moisés Naím y otros como él creen que lo que importa desde el punto de vista del liderazgo de una superpotencia es estar en buenos términos con esa cada vez mas frondosa y derrochadora burocracia internacional. Una burocracia que para aumentar su poder y la de los gobiernos que la financian se ha dado a la tarea de inventarse acuerdos y tratados repletos de regulaciones y normas que entraban y paralizan el funcionamiento de las economías. Naím es de la idea que si una superpotencia como Estados Unidos no le hace el juego o le rinde pleitesía a estos burócratas, entonces su liderazgo declina.

Sin embargo, no hay que ser un sabio para concluir que lo que importa desde el punto de vista de liderazgo internacional es el poderío en lo económico, en lo militar y en lo tecnológico. Y que lo demás son pamplinadas o saludos a la bandera.