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El gobierno de Hugo Chávez está quemando reservas internacionales buscando evitar las consecuencias de la caída en el precio internacional del petróleo.
 
Las cifras del cuarto trimestre de 2008 no son alentadoras. En ese trimestre, el PIB aumentó 3,2% frente al mismo período del año anterior, el menor crecimiento desde 2003. El aumento anual en el consumo de hogares se desaceleró a 4%, frente a 19,6% hace un año. La inversión, a su vez, cayó 3,2%.

Para año completo 2008 el incremento del PIB fue de 4,8%. El sector privado tuvo un crecimiento de cero, mientras que el sector público se expandió a un tasa de 16,4%.

Ahora bien, la desaceleración económica se produjo en medio de una inflación superior a 30% anual, una sobre valoración del bolívar, una gasolina completamente subsidiada, un gasto público desbordado y una “quema” acelerada de reservas internacionales.

En el último trimestre de 2008 la cuenta corriente de la balanza de pagos registró un déficit de US$4.500 millones, que se compara adversamente con el superávit de US$5.900 millones que se presentó en igual trimestre del año anterior. Las exportaciones trimestrales de petróleo cayeron en 47,2%. El petróleo ha representado últimamente más de 90% de las exportaciones y más de 50% de los ingresos fiscales.

El hecho es que en el cuarto trimestre de 2008 las cuentas de la balanza de pagos registraron una reducción de los activos externos del sector público superior a US$10.000 millones. A ese paso, los excedentes de reservas internacionales, de las que tanto se ufana el ministro de Finanzas Alí Rodríguez cuando se compara con el resto de los países latinoamericanos, desaparecerán en menos de un año.

Es cierto que Venezuela es distinta a los demás países de la región por la circunstancia de tener petróleo en gran abundancia. Es similar a algunos países árabes, de esos que cuando el precio internacional del petróleo está alto, reciben tal cantidad de ingresos, que no saben que hacer con el dinero.

Pero también se asemeja a esos países árabes —y se diferencia de la mayoría de los países latinoamericanos— en la forma alegre como despilfarra la riqueza que le ha caído del cielo con el petróleo. Compras de costosos armamentos, subsidios inmensos a Cuba y a otros países, pago de cuantiosas indemnizaciones por concepto de nacionalizaciones innecesarias, crecimiento desaforado de la esfera estatal, desproporcionados aumentos salariales en el sector público y ayudas de todo tipo a la población sin contraprestación alguna, son áreas en las cuales el gobierno de Venezuela ha “invertido” parte significativa de los excedentes que produjo la bonanza petrolera. Desafortunadamente ninguna de esas “inversiones” contribuirá mayormente al futuro desarrollo del país.

Y ahora que ha caído abruptamente el precio del petróleo, Venezuela ha quedado con un nivel de gasto muy superior al que puede sostener. Con un déficit fiscal que superará 6% del PIB en 2009 (frente al superávit de 1.5% del año pasado). Con un creciente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos que se cubrirá, por ahora, quemando más reservas internacionales. Con precios y salarios completamente desfasados. Con una tasa de cambio irreal. Con una economía más dependiente que nunca del sector petrolero.

En otras palabras, Venezuela se encuentra en una situación de alta vulnerabilidad económica, después de "hacer fiesta" con la mayor bonanza petrolera de las últimas décadas.