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Jorge Ospina Sardi

 

Los colombianos hemos pasado por muchas. Aun así, con la tenacidad, laboriosidad, agudeza, temple y resiliencia que nos distingue, no nos hemos dejado destruir ni arruinar. 

 

Las pretensiones de los organizadores de este paro son, ni mas ni menos, acabar con la Colombia que hemos construido. Acabar no solo con su infraestructura sino también con sus instituciones.  

 

¿Para qué fines? Para tomarse el poder, mas temprano que tarde, e implantar una tiranía de la que solo se benefician unos pocos a costa de la miseria ajena.

 

Están convencidos que sembrando zozobra, esparciendo cizaña, creando camorra, saboteando los quehaceres diarios, la gran mayoría de los colombianos nos transformaremos en unos pendejos que vamos a echar por la borda lo que tanto esfuerzo y sudor ha costado. 

 

Es la guerra que la Venezuela de Maduro le ha declarado a Colombia, con el apoyo de una izquierda latinoamericana que se nota desesperada por la pérdida de poder y por el rotundo fracaso de su modelo político y económico.

 

No es difícil darse cuenta que la salvación de la Venezuela de Maduro es que la situación de Colombia sea parecida al desastre que es eso de allá. 

 

¿Será entonces que Colombia va a perder esta guerra? ¿Será entonces que los colombianos andamos tan despistados que vamos en manada a seguir la misma calamitosa trayectoria de Venezuela y Cuba? 

 

No parecería ser el caso. Por temperamento, y por fuerza de las circunstancias, los colombianos no somos “come cuentos”. Tenemos polo a tierra. Y nos enorgullecemos de que así somos.