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En los primeros diez meses de 2019 la producción de petróleo aumentó 3% frente al mismo período del año anterior. A partir de 2018 la tendencia de declinación se detuvo.

 

El pico de la producción petrolera colombiana fue por allá en 2012-2013 cuando se superó el promedio del millón de barriles diarios. Luego la tendencia fue de caída hasta 2017 cuando llegó a un promedio de 854. 000 barriles diarios. En 2018 ese promedio ascendió a 865.000 barriles diarios y en los primeros diez meses de 2019 el promedio fue de 887.000 barriles diarios.

 

Por lo menos, desde el inicio del gobierno de Iván Duque ha habido un mejor ambiente para la inversión en este crítico sector de la economía colombiana. Incentivos tributarios, una mayor claridad en el marco regulatorio y la apertura de nuevas áreas de exploración contrastan con la floja política promocional y de estímulos que implementó el gobierno de Juan Manuel Santos especialmente durante su segundo período. 

 

Mas dramática es la situación en el sector de gas natural en donde no ha tocado fondo la tendencia negativa. Últimamente, año tras año la producción en este también crítico sector de la economía colombiana ha experimentado una preocupante declinación. De una producción promedio de 3.045 millones de pies cúbicos diarios en 2013 se ha pasado a 2.170 millones de pies cúbicos diarios en los primeros diez meses de 2019. En comparación con enero-octubre de 2018, la caída fue de 4%. 

 

La principal critica que se le puede hacer a la actual política petrolera es la lentitud en la aprobación de proyectos no convencionales entre los que ocupan un primer lugar los relacionados con el fracking. Tanto desde el punto de vista de la producción de petróleo como de la producción de gas natural, el uso del fracking es pieza fundamental en cualquier estrategia dirigida a imprimirle una renovada dinámica a estos dos vitales sectores.

 

El sector externo de la economía colombiana se encuentra en una gran encrucijada. Las exportaciones agroindustriales están afectadas por un ciclo de bajos precios internacionales, las industriales por el estancamiento de las economías del vecindario, y las exportaciones de carbón por un dramático descenso de su precio internacional y una caída en la demanda mundial. 

 

Colombia, un país de 50 millones de habitantes, que continúa absorbiendo migrantes de escasos recursos de Venezuela, con un elevado desempleo, con índices altos de pobreza, con una economía que todavía no crece al ritmo que debería de acuerdo con su potencial, con una deuda externa en aumento, se da el lujo de dejar ociosos unos recursos naturales cuya explotación le generaría preciadas divisas e interesantes excedentes fiscales.

 

Un país donde gobierno y oposición están dedicados a procrastinar sobre una de las pocas alternativas disponibles que contribuirían a solventar un componente no despreciable de los actuales déficit y faltantes. Aquí de lo que se trata no es de demostrar quiénes entre los procrastinadores son los mas "estadistas" (quienes entre ellos discursean mejor) sino el de encontrar soluciones prontas y efectivas de alivio a la situación de carencias que enfrentan millones de colombianos de carne y hueso.