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Jorge Ospina Sardi

 

La desinformación por parte del gobierno comunista de China, que se inició en noviembre de 2019 cuando ocurrió el primer brote del Wuhan virus, ha continuado meses después con un inmenso perjuicio para la humanidad.

 

Aunque hay muchas pruebas reinas de la desinformación, una de las mas notorias fue un tweet de la Organización Mundial de la Salud del 14 de enero de 2020, dos meses después de primer brote de este coronavirus (también llamado COVID-19), en el que se expresa lo siguiente:

 

“Preliminary investigations conducted by the Chinese authorities have found no clear evidence of human-to-human transmission of the novel #coronavirus (2019-nCoV) identified in #Wuhan#China.”

 

(Traducción: “Investigaciones preliminares realizadas por las autoridades chinas no han encontrado evidencia clara de transmisión entre humanos del nuevo coronavirus identificado en Wuhan”.)

 

En otras palabras, el gobierno comunista de China le informó a una alcahueta Organización Mundial de la Salud que uno de los mas contagiosos virus que haya conocido la humanidad, no era contagioso. Esto en momentos en los que nacionales infectados de ese país viajaban por todo el planeta, y muy especialmente por países de Europa y Asia que ignoraban el tipo de contaminación al que estaban expuestos.

 

 

El gobierno comunista de China no le ha informado al resto del planeta de dónde provino el Wuhan virus y cómo se esparció inicialmente en su territorio. Un análisis realizado por la Universidad de Southampton (Inglaterra) estimó que podía haberse evitado el 95% de la infección con una agresiva intervención de control en diciembre de 2019. No se sabe cuáles medidas cautelares se adoptaron al inicio y la razón de su rotundo fracaso.

 

Ahora último, ese gobierno no ha permitido que expertos y científicos extranjeros analicen lo sucedido y lo que todavía acontece en las zonas mas afectadas de su territorio. Toda esta información es de vital importancia para la guerra que la humanidad está librando contra este invisible enemigo (cuyo origen podría ser una especie de accidente en un laboratorio de armas biológicas localizado en Wuhan).

 

Esta información es fundamental para evitar que se repita a futuro tan terrible tragedia. Pero eso le importa un carajo a ese régimen comunista. Lo único que lo desvela es “guardar las apariencias” y tomar distancias de un monumental problema que es de su hechura. 

 

Lo intentan hacer con base en una propaganda mentirosa y realmente insultante para los miles de millones de seres de carne y hueso damnificados. Vidas humanas perdidas por doquier. Incontables empresas y esfuerzos empresariales de todo tipo, incluidos los de la supervivencia diaria, vueltos añicos, muchos tirados a la caneca para siempre, como resultado de la conducta de ese gobierno comunista. 

 

 

El régimen ha expulsado de su país a la prensa independiente, ha silenciado (al mejor estilo mafioso) a los críticos y profesionales nacionales que se han atrevido a contar la verdad, y está dedicado a emitir noticias en la que divulgan, a través de unos obsecuentes medios de comunicación, sus supuestos logros en el combate de la pandemia. 

 

Uno entre múltiples ejemplos que vienen al caso fue una noticia que la mayoría de los grandes medios de comunicación publicaron con bombo y platillos y que daba a entender que China estaba próxima a sacar una vacuna contra el coronavirus. La noticia fue presentada en países como Colombia como si se tratara de una realidad inmediata.

 

Los medios nunca dijeron que esa vacuna solamente estaría lista hacia mediados de 2021, ni informaron que hay otros múltiples esfuerzos para producirla en Estados Unidos, Europa e Israel que lucen mas promisorios en tiempos y resultados que los de China. 

 

Otro ejemplo es la noticia según la cual China derrotó la pandemia. La credibilidad de esta noticia está en duda porque sencillamente no hay corroboración independiente de que ello sea así. ¿Cómo creerle a un gobierno cuyos comunicados en esta y en otras áreas son casi siempre mentiras o medias verdades, especialmente cuando está de por medio su imagen? 

 

Desafortunadamente la mayoría de los grandes medios de comunicación no solamente nunca cuestionan la veracidad de esos comunicados oficiales, sino que los repiten varias veces para reforzar su impacto de relaciones públicas sobre poblaciones no bien informadas. 

 

 

Dado que el gobierno comunista de China siempre se ha salido con la suya cuando de mentiras se trata, lo mas seguro es que sus estrategas pensaron que igual sucedería con el encubrimiento del brote y propagación del Wuhan virus. Aparentemente subestimaron su virulencia. Al amordazar la verdad acerca de su origen y archivar las investigaciones iniciales sobre su naturaleza, no conocieron oportunamente acerca del peligro que representaba.

 

Como estaban mal informados, seguramente supusieron que el daño de su propagación no sería de la magnitud del que terminó siendo y que cualquier problema de imagen sería solucionado con propaganda. Después de todo, contaban con la caja de resonancia de la gran mayoría de los grandes medios de comunicación.

 

La verdad sea dicha, los medios que siempre le han hecho el juego a la propaganda del gobierno comunista de China son cómplices en la tragedia del coronavirus. Son cómplices en la impunidad con respecto a una multitud de comportamientos poco transparentes y opuestos a la verdad. 

 

Una impunidad que lleva a la complacencia sobre conductas impropias que se repiten una y otra vez y que en este caso motivó una de las mayores tragedias de los últimos tiempos que hayan asolado a la humanidad.

 

 

El gobierno comunista de China tiene que asumir su responsabilidad en lo sucedido. No es posible que todo este desastre quede en la impunidad. No es posible que ese gobierno se salga con la suya y que su actual actitud arrogante sea incluso premiada por varios de los grandes medios de comunicación que aun a estas alturas del paseo continúan difundiendo sus mentiras como si nada hubiera pasado.  

 

Hay que demandar a ese gobierno y a sus personeros porque al final de cuentas, ¿quién va a indemnizar por los daños y perjuicios sufridos? No había guerra o conflicto con el gobierno comunista de China o con los nacionales de ese país. Pero de la noche a la mañana, por una criminal negligencia y encubrimiento se perdieron los empleos, se refundieron los medios de subsistencia y se asestaron espantosos golpes a la salud física y mental de miles de millones de seres humanos inocentes.