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Al tiempo que Glencore se retiraba de la refinería de Cartagena (Colombia), se postergaba el proyecto de Puerto Armuelles (Panamá).
 
Aunque Quatar Petroleum y Occidental Petroleum (OXY) tendrían un año adicional para analizar la viabilidad de la refinería panameña, es claro que las condiciones actuales del mercado de hidrocarburos no generan mayor entusiasmo para el desarrollo de este tipo de proyectos. Esta refinería, en la frontera con Costa Rica, costaría US$7.000 millones y procesaría 350.000 barriles diarios. La iniciativa fue del gobierno panameño cuando todos los países de la región soñaban con construir una refinería.

Un impulsor de los sueños regionales fue el presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien le ofreció a varios gobiernos amigos la construcción de una refinería. Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Paraguay recibieron la oferta venezolana. Pero al igual que con otra refinería que Chávez ha anunciado con bombos y platillos en repetidas ocasiones, la que construirían Petrobras y PDVSA en territorio brasilero, nunca se pasó de lo dicho a lo hecho.

En el caso del proyecto de la ampliación de la refinería de Cartagena (Reficar), Ecopetrol y el gobierno colombiano guardan la esperanza de que Petrobras o General Electric se interesen. Pero, por ahora, tendrían que acordar con Glencore las condiciones de su retiro y posteriormente tendrían que negociar con un nuevo socio estratégico las condiciones de su ingreso al proyecto. Es casi como volver a arrancar de cero, sin la garantía de que haya un inversionista verdaderamente interesado.