LaNota.com
 

–––––––––––––––––––––––––––––––––

  

 

RANKING DIGITAL DE MERCADOS DE COLOMBIA

   

110 SECTORES CON SUS EMPRESAS LÍDERES (hacer click aquí)

 

RANKING 2018 TOP 300 EMPRESAS DE COLOMBIA (hacer click aquí aquí)

 

 

–––––––––––––––––––––––––––––––––

 

 

PROYECCIONES ECONÓMICAS 2019-2023 DE COLOMBIA

–Versión Octubre 2019– 

(HACER CLICK AQUÍ)

 

–––––––––––––––––––––––––––––––––

 

PANAMERICANSPORT 

 LO TOP EN INFRAESTRUCTURA DEPORTIVA, RECREATIVA Y COMERCIAL

 

(HACER CLICK AQUÍ)

 

–––––––––––––––––––––––––––––––––

 

 

 

Crónica de un colapso anunciado. Se prevé racionamientos hasta 2014 siempre y cuando se remedie la situación con celeridad.
 
“Celeridad” es mucho pedirle al gobierno más inepto de América Latina, por lo que el racionamiento puede durar más de 4 años. La situación fue pronosticada por varios expertos venezolanos desde comienzos de la década. Pero pocos venezolanos, y menos aún el gobierno de Hugo Chávez, le pusieron la debida atención a esas advertencias. Uno de esos expertos es Nelson Hernández, que ha resumido su posición en un interesante artículo “Crisis eléctrica en Venezuela: Una situación anunciada hace más de 10 años”.

En resumidas cuentas, la situación es la que se describe a continuación. Un sistema eléctrico confiable requiere de una capacidad instalada por lo menos 30% superior a la capacidad demandada (en horas pico). Ese “colchón” del 30% protege al sistema de eventos como el fenómeno de El Niño y las salidas fortuitas de unidades de generación.

En 1998 en Venezuela, la capacidad demandada era de unos 15.200 MW y la capacidad instalada de 19.700 MW. O sea, que en ese entonces, al inicio del gobierno de Chávez, Venezuela contaba con un sistema eléctrico relativamente confiable.

Naturalmente el mantenimiento de la confiabilidad del sistema en los siguientes años iba a depender de la ampliación de la capacidad instalada, del mantenimiento de la capacidad existente y del comportamiento de la demanda o consumo de electricidad. ¿Qué ha hecho o dejado de hacer el gobierno de Hugo Chávez durante los últimos 11 años?

1) Canceló los proyectos hidroeléctricos de Alto Caroní, Taycuay, Auraima, Aripichi y Eutobarima. Actualmente sólo está en construcción la presa de Tocoma (Manuel Piar), la que entraría en operación hacía 2013-2014.  

2) Inversión mínima en generación térmica. Cerca del 70% de las plantas térmicas tienen más de 20 años.

3) Dejó de invertir en líneas de transmisión. Por ejemplo, no se construyó una sola línea desde la vital presa de El Guri, no obstante que las líneas existentes estaban sobrecargadas y por tal razón, sujetas a crecientes apagones, tal como de hecho ha sucedido.  

4) Congeló las tarifas desde 2002 y por lo tanto, ocasionó un aumento mayor al deseado en la demanda de energía eléctrica. Es de precisar que actualmente las tarifas más altas apenas cubren la mitad de los costos de generación, sin incluir los costos de transmisión y distribución. Las tarifas más bajas son insignificantes.

5) Permitió la proliferación del robo generalizado de energía eléctrica, y no solamente en los barrios populares. Esta situación se ha agravado desde la nacionalización de Electricidad de Caracas y de otras empresas distribuidoras. El actual ministro de Energía Eléctrica Ángel Rodríguez, antes de ser nombrado en esa posición, robaba energía desde el poste vecino a su casa.

6) No realizó el debido mantenimiento a las plantas hidráulicas y térmicas. Los cálculos son de que actualmente cerca de 3.800 MW de la capacidad instalada existente no están disponibles (2.100 MW de generación hidroeléctrica y 1.700 MW de generación térmica).

El resultado final de este manejo es bien complejo. En 2009, la capacidad demandada fue de unos 20.300 MW y estuvo atendida por una capacidad instalada de 23.154 MW, o sea apenas un 14% de “colchón”, por debajo del 30% requerido en un sistema confiable. Pero esa capacidad instalada adolece de muchos problemas por falta de mantenimiento, tal como ya se explicó. O sea que, en la práctica, la capacidad instalada operativa ha estado recientemente por debajo de la demanda, lo que explica las innumerables interrupciones del servicio durante el año pasado en distintas regiones del país.

A lo anterior cabe agregar la critica situación financiera de un sector caracterizado por una mínima generación de recursos propios, para no mencionar la burocratización y politización de sus empresas y el bajo nivel técnico de su liderazgo.

Pero, ¿y entonces? ¿Qué le depara el futuro en materia de electricidad al país más rico en reservas energéticas de América Latina? Graves problemas de racionamiento durante los próximos 5 años. Los estimativos de expertos como Nelson Hernández son de que para el período 2010–2014 se necesitaría aumentar la capacidad instalada, básicamente en generación térmica, en por lo menos 8.800 MW, lo que tendría un costo superior a los US$13.000 millones.

Pero, además, habría que modernizar las obsoletas plantas actuales, así como adecuar las líneas existentes de transmisión y distribución. Fácilmente se trataría de una inversión de por lo menos otros US$6.000 millones.

Y aquí no termina la historia. No se han incluido hasta ahora los recursos que demandará el sistema para cubrir sus muy elevados déficit operacionales anuales (y que nadie ha medido por el caos que existe en la contabilidad pública venezolana). Parte de estos recursos se podrían obtener con un aumento en las tarifas y con un control al robo de electricidad. Pero estas últimas medidas se estrellarían contra una muy cimentada cultura que favorece el no pago o que exige altos subsidios al consumo como si se tratara de un inviolable derecho.

Al inicio de 2010, no se aprecia que el gobierno venezolano esté preparado para ejecutar el ambicioso programa de inversiones requerido para sacar adelante al sector eléctrico en un proceso que tardaría, en el más optimista de los escenarios, cuatro años. Ni tampoco que esté alineado para resolver los temas institucionales y de manejo de las tarifas que permitan solucionar de manera definitiva el problema. Se lo ve dando palos de ciego con un inevitable racionamiento, sin contarle a la opinión pública la verdadera dimensión de la crisis.

Así las cosas, el futuro para Venezuela luce más oscuro aún de lo que pronostican los distintos expertos en el tema. Parece que será a las malas que el gobierno de Venezuela y la mayoría de los venezolanos aprenderán que la electricidad más cara es la que no se tiene.