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Jorge Ospina Sardi
 
El profesor Carlo Cipolla hizo una definición muy esclarecedora de la estupidez humana y de sus leyes básicas. Se presenta a continuación un resumen y se llega a una muy importante conclusión final.
 
En un artículo titulado “Leyes básicas de la estupidez humana” el historiador italiano Cipolla (quien murió en 2000) estableció lo siguiente sobre una de las características más protuberantes de la humanidad.

1) Por siempre e inevitablemente subestimamos la cantidad de individuos estúpidos en circulación. A este respecto, no cabe el beneficio de la duda. Gente que es considerada racional e inteligente termina haciendo y diciendo toda clase de estupideces. En cualquier actividad afloran individuos con las más inesperadas conductas y propuestas estúpidas. Siempre subestimaremos la proporción de la población en la cual la estupidez prevalece sobre la racionalidad e inteligencia.

2) La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de su condición social, económica, racial o familiar. En todos los grupos poblacionales hay un número relativamente constante de estúpidos. Un estúpido nace estúpido, no importa dónde nazca. No sabemos las razones por las cuales la naturaleza proporciona un porcentaje constante de estúpidos en todos los lugares y tiempos y sin importar el volumen de población. Tampoco importa el grado de educación. Los estúpidos seguirán siendo estúpidos, aún después de graduarse de la universidad.

3) La humanidad está compuesta por cuatro grandes categorías: el indefenso (o víctima), el inteligente, el bandido, y el estúpido. En este contexto, el estúpido es aquella persona que le ocasiona pérdidas o daños a otra persona o grupo de personas sin obtener a cambio ganancia alguna o incluso incurriendo en pérdidas. Por ejemplo, el bandido le hace daño a otro u otros, pero deriva una ganancia al hacerlo. El inteligente busca una ganancia beneficiando a los demás. El indefenso es un perdedor que no le ocasiona perjuicios a los demás. ¿Y el inefable estúpido? Perjudica a los demás perjudicándose a sí mismo. Increíble pero cierto. Con los demás, todos ganan, o unos ganan y otros pierden, pero con los estúpidos nadie gana (ni ellos mismos). Es más, la mayoría de la población no estúpida no es totalmente consistente en su comportamiento. Por ejemplo, en ocasiones actúa inteligentemente y en otras es víctima. O los bandidos, no siempre actúan como bandidos. Pero el estúpido es sorprendentemente consistente en su estupidez.

4) La cuarta ley establece que los no estúpidos subestiman permanentemente el poder de hacer daño de los estúpidos. En especial, los no estúpidos no se percatan que todo el tiempo, en todos los lugares y en cualquier circunstancia, lidiar y asociarse con gente estúpida es un costoso error.

5) Y la quinta ley del profesor Cipolla sostiene que el estúpido es el tipo de persona más peligroso, incluso más peligroso que el bandido. Por lo menos con este último la sociedad está alerta y se han creado toda clase de mecanismos para combatir el daño que ocasionan, en particular cuando es significativo. En cambio, con el estúpido no operan las mismas defensas y precauciones.

Desde el punto de vista del funcionamiento de una sociedad, mucho se ha escrito sobre los distintos sistemas para poner en cintura a los bandidos. Para contrarrestar el daño que hacen. Para darles a entender que los beneficios que puedan derivar de sus fechorías no compensan los castigos que recibirán por el perjuicio que ocasionan. Pero a los estúpidos no se les puede aplicar la misma medicina. Lo único es relegarlos a posiciones en las cuales el daño que puedan infligirse a sí mismos y a los demás sea el mínimo posible.

Y es así como aquellas sociedades que logran marginar a los estúpidos a quehaceres poco importantes o sin mucho impacto, logran avanzar más aceleradamente que aquellas otras donde los estúpidos no son identificados como tales y donde logran infiltrarse en posiciones de alta responsabilidad.