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Jorge Ospina Sardi

 

Estas fundaciones pretenden que los candidatos presidenciales que les son ideológicamente afines atemperen sus ambiciones de poder. Buscan una unidad política sobre bases espurias.

 

Los moralistas ortodoxos son dados a intentar suprimir y reprimir pasiones y sentimientos inherentes a la naturaleza humana. Los liberales del Siglo XVIII se rebelaron contra ese enfoque y se orientaron hacia cómo encauzarlos en beneficio de la sociedad. Y llegaron a la conclusión que eso podría tener lugar en un marco de libertades naturales, con la presencia de instituciones de justicia, políticas y económicas, que premiaran las conductas individuales mas convenientes o útiles y que refrenaran las mas perjudiciales o negativas.

 

Es función de las instituciones políticas propiciar la articulación e interacción constructiva de egos y vanidades. No es la de suprimirlas porque ellas son las que en buena medida  impulsan, motivan y llevan a la acción política. Pero si es posible encauzarlas en beneficio de la sociedad. 

 

En este sentido es de crucial importancia la existencia de reglas claras para la definición y esclarecimiento pacífico de las disputas y enfrentamientos propios de la actividad política. En los sistemas democráticos los partidos políticos desempeñan a este respecto un rol esencial.

 

Es ridículo pedirle a los candidatos presidenciales, que en aras de una supuesta unión, supriman sus egos y vanidades, tal como lo proponen las fundaciones que conforman Visión Colombia 2022 en un comunicado ("Invitación para la unión de la sociedad civil organizada”, 30 de noviembre de 2021). Les piden “que no caigan en el juego de los egos personales y los intereses electorales”.

 

Lo importante en temas como el de las disputas entre aspirantes a la Presidencia es que la competencia sea con reglas predeterminadas. Que las definiciones sean el resultado de una justa competencia, porque ella es la única que puede legitimar a cualquier sistema que se precie de ser democrático. 

 

Sin embargo, muchos grupos políticos, encumbrados y corrompidos por el usufructo del poder, se apartan de prácticas democráticas que consideran dispendiosas e innecesarias. Entonces, sin deparar mayormente en las consecuencias, con prepotencia y cinismo, se alejan de los requerimientos de una política en la que los procesos de decisión mas importantes deberían apoyarse en amplias participaciones y apoyos populares. 

 

 

En este recorrido en el que me embarqué en el marco de mi aspiración presidencial hacia 2022 he encontrado que en la política colombiana no hay reglas, que las decisiones son arbitrarias e impuestas a las malas, que lo que llamo la “mentalidad botín” prevalece sin ambages. Los mas nobles ideales del ejercicio de la política están relegados completamente. 

 

He encontrado a una clase política a la defensiva, que menosprecia absolutamente la competencia como mecanismo para elegir a sus mejores. Una clase política aferrada a su botín como si se tratara de un bien privado y no uno de naturaleza pública por ser financiado con el dinero de todos los colombianos.

 

Visión Colombia 2022, conformada por fundaciones de pensamiento de tendencia republicana, por así llamarla, debería promover debates abiertos y transparentes entre los candidatos de su vertiente ideológica, en donde se expongan las diferencias en enfoques y propuestas. 

 

Sin embargo, lo que estas fundaciones proponen, en pleno Siglo XXI, es exactamente lo opuesto: suprimir esas diferencias en aras de una artificiosa unanimidad y pedirle a los candidatos que abandonen sus egos y vanidades, como si tratara de seres de otro planeta. 

 

Implícitamente estas fundaciones se creen el cuento que los votos de candidatos pertenecientes a una coalición suelta y sin lealtades concretas son transferibles como por arte de magia. 

 

Y que con saludos a la bandera a esa artificiosa unidad alrededor del candidato que surja como el ungido, se impedirá que llegue a la Presidencia una izquierda rapaz que busca apoderarse no solamente del botín que administran los políticos tradicionales sino también expoliar la riqueza que está en manos de quienes la han creado con sus esfuerzos y emprendimientos.