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A raíz del despido del director del FBI por parte de Donald Trump la histeria y falta de profesionalismo de la prensa liberal en Estados Unidos alcanzó niveles pocas veces vistos.
 
Compararon el despido de James Comey con el caso de Watergate cuando Richard Nixon era Presidente. Miles de artículos periodísticos y programas de televisión en la semana del hecho, tanto en Estados Unidos en otros países del planeta. Indignación generalizada de los analistas de izquierda que comentan este tipo de noticias.

Esto de que hubo colusión o connivencia entre los rusos y Trump en la pasada campaña presidencial para destruir a su rival Hillary Clinton, y sobre lo cual hay varias investigaciones no solamente por parte del FBI sino también por parte de la Cámara y del Senado, lleva ya varios meses sin que haya evidencias sólidas y concretas en un sentido o en el otro.

Trump ha dicho que todo esto hace parte de un esfuerzo de los Demócratas para justificar la terrible derrota electoral que sufrieron. Otros analistas independientes sostienen que el escándalo de los rusos es un intento del establecimiento de Washington ('deep state', lo llaman) para debilitar a Trump y eventualmente sacarlo de la Casa Blanca.

Y los hay quienes opinan que se trata de un sofisma de distracción de Barack Obama y compañía para que no se investiguen las escuchas ilegales sobre ciudadanos de Estados Unidos que hicieron bajo la disculpa de la investigación de las actividades rusas.

Como sea, lo cierto es que nunca hubo química entre el Presidente y el director del FBI. Parecería que Trump no lo quiso sacar antes para no generar una noticia que desviaría la atención de otras noticias relacionadas con su posesión y sus primeros actos de gobierno.

Los Demócratas y la prensa liberal habían criticado duramente a Comey por el manejo errático que le dio a sus investigaciones sobre el escándalo de los correos electrónicos de Hillary, e incluso habían pedido su cabeza. Ahora lo defienden y se rasgan las vestiduras frente a la jugada de Trump.

Pero lo mas curioso de todo esto es que no hay pruebas de la existencia de algún delito. Pero aun así estos medios de comunicación y sus analistas han dado como un hecho que Trump y sus colaboradores de la campaña son culpables.

¿Culpables? ¿Culpables de qué? De absolutamente nada. Entonces deberían moderarse, pero eso es imposible porque odian a Trump y le han declarado la guerra. Les importa un rábano la objetividad y la imparcialidad. Andan desesperados a la caza de evidencia para mantener vivo un escándalo al que no se le ve ni pies ni cabeza.