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Jorge Ospina Sardi

 

Han saltado a la palestra unos personajes que nos andan diciendo que de ahora en adelante, después del paso de este coronavirus, tendremos que adaptarnos a un nuevo estilo de vida. ¡Solo nos faltaba esto!

 

¿En qué consiste su propuesta? Lo primero es estar todo el tiempo lavándose las manos. De hacerlo con jabones especiales que aniquilan instantáneamente a todas las bacterias, virus y hongos que tengan el atrevimiento de posarse en ellas.

 

Y entre lavada y lavada, abstenerse de tocar manos ajenas, de abrazos, y de rascarse la cara, porque ¡ojo! usted no puede convertirse en cómplice portador de algún bicho invisible. En la "nueva normalidad" su objetivo de vida es transformarse en un ser aséptico, libre de cualquier germen infeccioso. Llegó la hora de que usted deje su condición de humano infecto de una vez por todas. 

 

Una vez que usted ya no sea el infecto que siempre ha sido puede salir a la calle pero ¡ojo! guardando la distancia. La "nueva normalidad" le exigirá un mínimo dos metros entre usted y cualquier otro ser humano. Con tapa bocas para que respire hacia adentro y no hacia afuera. Si sale a trotar en los parques aprenda a hacerlo solamente inhalando, sin exhalar.

 

En su relación con otros seres humanos nada de toques, nada de roces, nada de nada. Puede que usted ya no sea un infecto pero, ¿quién garantiza que el que está a su lado no lo sea? ¿Quién garantiza que como resultado de un contacto con otro ser humano usted termine en una unidad de cuidados intensivos haciendo colapsar al sistema nacional de salud?

 

En lo posible use guantes cuando salga a la calle. Si no los lleva puestos no toque barandas ni superficies sólidas. En ellas polulan los gérmenes. Minimice el toque de objetos por fuera de su vivienda. Y cuando lo haga no se toque hasta volverse a lavar las manos. ¡Ojo con los billetes! Tenga en cuenta que en la "nueva normalidad" el peligro acecha por doquier y que su paranoia no necesita de siquiatra porque está completamente justificada. 

 

Cuidado con las aglomeraciones. Evítelas. No juegue con candela. Los entusiasmos colectivos serán reprimidos en la "nueva normalidad". Son expresiones del comportamientos humano con consecuencias funestas sobre su salud. Son focos de contagios: allí nada impide que los gérmenes pasen de un cuerpo humano a otro como "Pedro en su casa". 

 

En general, se prohibirán las celebraciones colectivas. No es prudente que se exterioricen las emociones. No grite ni vocifere. Acuérdese que los virus, las bacterias y los hongos usan para sus desplazamientos, como si fueran las alfombras mágicas de Las Mil y Una Noches, a las partículas de saliva que salen de su boca. ¡Ojo!

 

Así también llegó la hora de poner en cintura a las fiestas con bailes. En la "nueva normalidad" serán reportadas a las autoridades las fiestas que se desborden en alegría. Hay unos tipos de música y de bailes que inducen a esos anti higiénicos desbordamientos. No habrá mas remedio que prohibirlos. ¡Y ni qué hablar de las orgías! 

 

En la "nueva normalidad" se limitará al máximo el trabajo presencial en las oficinas. Todo preferiblemente por video. Nada de proximidades. Solo una persona en cada viaje de ascensor. Un escritorio por cada tres metros a la redonda. ¡Ojo! nada de sentarse en puestos de trabajo ajenos. Y a desinfectar las salas de juntas después de cada reunión. Vetados terminantemente los romances de oficina por ser focos de incontrolados e incontrolables de contagios. Se impondrán como norma las relaciones laborales incoloras, inodoras e insípidas. 

 

Los viejos ocuparán un lugar especial en la "nueva normalidad". Para protegerlos se los desinfectará totalmente y luego serán aislados en cápsulas donde no haya el mas mínimo peligro de contagio. Vivirán en cuarentena permanente. "Vivirán", que es lo único que importa con ellos. Se los mantendrá a prudente distancia de sus nietos, esos impredecibles portadores de gérmenes. 

 

 

Quienes celebran entusiasmados la llegada de la "nueva normalidad" no se dan cuenta que la humanidad es la que es. Que su normalidad es una sin calificativos y que ella será la que terminará por imponerse. Que la condición humana es tal que solo alcanza su plenitud en un entorno de libertad. Una libertad que se nutre de la riqueza y complejidades de las relaciones presenciales y que solo es administrable con las señales que proporcionan los contactos cercanos y físicos entre personas. 

 

No se dan cuenta que existe eso que llaman "calor humano", tan importante para hacer llevadera esta vida. Y para que los afectos resultantes nos lleguen se requiere de contactos físicos en todas las infinitas formas y maneras con las que nuestra naturaleza humana tiende a manifestarse.