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Ana María Carrasquilla

 

La nominación de Mauricio Claver-Carone como reemplazo de Luis Alberto Moreno ha sido motivo de controversia. Se trataría de la primera vez que un nacional de Estados Unidos ocupa ese cargo.

 

Claver-Carone es el actual jefe para América Latina del Nacional Security Counsel. Posee todas las credenciales técnicas para asumir el cargo ya que ha sido asesor del Departamento del Tesoro, representante de Estados Unidos ante el Fondo Monetario Internacional y ha estado involucrado en las iniciativas de la administración de Donald Trump en temas de desarrollo financiero. 

 

Entre otras, a Claver-Carone se lo conoce en Washington por su antiguo blog Capitol Hill Cubans, desde donde criticaba ferozmente la política de apertura de la administración Obama hacia Cuba y apostaba contra el gobierno venezolano.

 

 La noticia de su eventual nombramiento ha causado sorpresa por varias razones, entre otras: 

 

1) Existía desde el momento de creación del BID en 1959 lo que se denomina un “pacto de caballeros” según el cual, la presidencia le correspondía a un miembro escogido entre los países Latinoamericanos, mientras que Estados Unidos, como principal accionista, tenía el puesto número dos y la capacidad de veto sobre ciertas decisiones claves del manejo el banco. Con esto, Trump rompió el “pacto de caballeros” que fue la norma durante más de 60 años, en una entidad cuyos desembolsos acumulados suman US$260.000 millones.

 

2) Claver-Carone, aparentemente, ha sido clave en la definición de la estrategia de Trump hacia Venezuela. Se lo percibe como adversario de Cuba y Venezuela. Representa una “coalición de derecha” que traería los criterios de esta corriente política a un banco que debe ser administrado ante todo con criterios técnicos y una visión clara de apoyo al desarrollo de toda la región.

 

 

Vale la pena detenerse un poco para pensar exactamente por qué (i) el BID es una multilateral indispensable para Latinoamérica en estos momentos; y (ii) la candidatura de Estados Unidos podría representar importantes desafíos para su futuro. 

 

Por el shock externo de demanda, la caída de los precios de las materias primas, la disminución de las remesas, la falta de actividades turísticas, el bloqueo al comercio y el retraimiento de los mercados financieros, la región sufrirá una recesión significativa con repercusiones importantes en los equilibrios fiscales y tensiones reales en las divisas y otros indicadores monetarios y financieros. Es una triple parada súbita de la movilidad, el comercio y los flujos de capital.

 

De hecho, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó en el último World Economic Outlook, del pasado 24 de junio del 2020, una recesión más aguda para los países de América Latina y el Caribe que la estimada anteriormente por la pandemia, con una contracción del PIB regional de 9,4% frente al 4,2% previsto en abril. 

 

Al otro lado de la moneda se tiene a todas las multilaterales regionales como la Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), y el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), las que se han fortalecido en las últimas décadas y están en capacidad de apoyar en forma creciente los esfuerzos de reactivación económica de los países de la región.

 

A su vez, el Grupo BID anunció recientemente que este año habrá un monto adicional de US$3.300 millones en recursos disponibles para desembolsos adicionales, lo que significa que el programa de préstamos para 2020 alcanza unos US$12.000 millones, con US$5.000 millones adicionales de BID-Invest para apoyar al sector privado.

 

 

Existe el temor que un candidato polarizador como Claver-Carone pueda incidir negativamente en el espíritu de colaboración que ha caracterizado las relaciones de los 28 países de Latinoamérica y el Caribe al interior del BID. Que la entidad deje de ser percibida como una que prioriza las necesidades regionales de desarrollo, sin especiales sesgos políticos ni ideológicos. 

 

Ahora bien, Claver-Corone se ha comprometido a "ayudar a recuperar económicamente a la región, conjuntamente con Estados Unidos, para poder movilizar el capital que se necesita para tales efectos". También se ha referido a la necesidad de reestructurar administrativamente al BID para desburocratizarlo y elevar su eficacia. 

 

Ojalá sea así, de manera que el BID continúe siendo un protagonista central dentro de la arquitectura financiera regional, mas aun en estos momentos cuando se requiere de movilizaciones masivas de capital para apoyar a los países en sus esfuerzos para superar la crisis ocasionada por el coronavirus.