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Jorge Ospina Sardi

 

Los gobernantes de Colombia con sus políticas de confinamiento para mitigar el contagio del coronavirus están vulnerando la salud de millones de personas de todas las edades. Los pronunciamientos oficiales que se escuchan al respecto son una burla.

 

Estos gobernantes, incluidos el Presidente Iván Duque, su ministro Fernando Ariza y los muchos gobernadores y alcaldes, por lo visto no se han dado por enterados de los inmensos daños que están ocasionando sus políticas de confinamientos y aislamientos forzosos en la salud mental y física de millones de colombianos. 

 

Todo lo anterior en aras de combatir a un virus, que al igual que el de otras gripes, se caracteriza por NO constituir peligro alguno para la salud del 99,99% de la población y por la imposibilidad de contener su contagio no obstante los intentos de ingeniería social que se hagan.

 

 

De la noche a la mañana millones de colombianos se han quedado sin fuentes de subsistencia. Miembros de innumerables familias han perdido sus empleos o trabajos. Los despojaron de sus recursos y ya no tienen cómo sufragar sus gastos básicos. Les tiraron a la basura sus planes y sueños de vida. No se requiere ser médico o sicólogo para medir las terribles consecuencias de lo que está sucediendo con la salud de estas personas.

 

Millones de niños colombianos encarcelados, hacinados en sus lugares de vivienda, sin poder socializar con otros niños, sin posibilidades de recreación, invadidos por un infinito aburrimiento, y sobreviviendo en entornos propicios para toda clase de violencias intrafamiliares. No se requiere ser médico o sicólogo para medir las terribles consecuencias de lo que está sucediendo con la salud de estos pequeños e indefensos seres humanos.

 

Millones de personas de avanzada edad a quienes se les ha prohibido tomar el sol en los parques, relacionarse con sus seres queridos y trabajar para ganarse un sustento. Han sido encarcelados sin derecho a visitas, que es lo mínimo que se le concede a otros presos. No se requiere ser médico o sicólogo para medir las terribles consecuencias de lo que está sucediendo con la salud de estos ciudadanos a los que les queda pocos años de existencia. 

 

 

¿En qué ha quedado el derecho a la salud de millones de colombianos cuyos entornos personales, familiares, laborales y empresariales han sido destrozados, en muchos casos para siempre? 

 

El Presidente Iván Duque, su ministro de Salud Fernando Ariza y los muchos gobernadores y alcaldes, dicen proteger el derecho a la salud de unos colombianos mientras hacen hasta lo imposible con sus políticas para abatir la salud de millones de colombianos. 

 

El exclusivo objeto de su interés son las eventuales víctimas especiales del coronavirus, unas personas generalmente de avanzada edad con graves y descontroladas enfermedades subyacentes.

 

El resto de los colombianos no corren mayores riesgos con el coronavirus. Mas del 80% es asintomático (ni siquiera se dará cuenta del contagio) o tendrá leves manifestaciones gripales. Otro porcentaje simplemente sentirá unos efectos similares a los de un gripe fuerte, pero se recuperará sin mayores problemas.

 

Quedan solo unos muy pocos de los cuales algunos sobrevivirán y otros fallecerán. La mayoría de los fallecidos con un estado de salud tan lamentable que resulta difícil determinar si murieron por el coronavirus o murieron con el coronavirus.

 

Entonces, por supuestamente defender el derecho a la salud de unas pocas personas que en su gran mayoría la tienen seriamente comprometida, en el caso colombiano si acaso 8 personas por cada millón de habitantes, los gobernantes de turno se han dado a la tarea de volver pedazos el tejido social y económico del país y poner en riesgo la salud mental y física de quienes con sus trabajos y esfuerzos lo enhebran de infinitas maneras. 

 

La responsabilidad de estos gobernantes es con todos los colombianos. Nada justifica apabullar los intereses sociales y económicos de millones de ellos. Los intereses de la gran mayoría no pueden subordinarse a unos artificiosos requerimientos relacionados con el cuidado de la salud de una muy reducida minoría.