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Jorge Ospina Sardi

 

Colombia es un país sin muchos recursos o reservas. Políticos como la alcaldesa de Bogotá Claudia López, mientras que con sus políticas contribuyen a quebrar negocios y empresas, plantean imprimir papel moneda y repartirlo entre la población durante meses y meses.

 

Exactamente lo mismo que hicieron el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela y el de su sucesor Nicolás Maduro. Estos dos personajes destruyeron al sistema productivo venezolano –al igual como los gobernantes de Colombia lo están haciendo ahora– e intentaron tapar las carencias ocasionadas por esa destrucción con emisiones monetarias, hasta que su moneda terminó valiendo menos que hojas de papel higiénico. 

 

Los políticos actuales colombianos resolvieron convertir al país en un lugar donde no se puede producir ni vender. Les importa un pito el derecho al trabajo y las libertades individuales básicas de la gente. Lo mas curioso con este asunto es que creen que es sostenible un país al que ellos mismos le han cortado las alas del emprendimiento y del trabajo productivo.

 

El caso de la alcaldesa Claudia López es surrealista. Ha destrozado con sus bloqueos, burocratismos y prohibiciones a la actividad productiva que es la que le genera los impuestos para financiar su administración. Después de lo que ha hecho, y continúa haciendo, las arcas distritales simplemente estarán vacías no solamente en este año sino de aquí en adelante.

 

Pero eso no le parece a la alcaldesa obstáculo alguno para anunciar a los cuatro vientos que mantendrá por varios meses mas un completamente innecesario e inmensamente costoso bloqueo a la actividad económica. Ni tampoco para lanzar el plan de desarrollo de su administración que obviamente de entrada está desfinanciado.

 

Para esta alcaldesa, que no haya recursos es lo de menos. Ellos caerán del cielo. Se producirá un milagro. Después de todo estamos en el país del realismo mágico. En este país del realismo mágico, los intrincados y laboriosos procesos de creación de riqueza son desechables, como la basura que llega a los rellenos sanitarios.

 

Estos desfinanciados planes de desarrollo sirven para obnubilar a una población que no ve mas allá de sus narices. Así fue en Venezuela. Había que ver el apoyo popular inicial a lo que llamaron la Revolución Bolivariana y que prometía que por fin se había vuelto alcanzable el paraíso en este mundo. Un paraíso en el que se repartía papel moneda a diestra y siniestra, sin necesidad de tener que sudarla o trabajar para obtenerlo.

 

En ese paraíso bolivariano, producir y vender se convirtió en una actividad reservada para unos pocos que no comprendían que se había llegado a un nuevo mundo donde eso ya no era necesario.

 

 

Quien tenga al menos dos dedos de frente se habrá dado cuenta en qué terminó todo este cuento venezolano. Pero políticos colombianos ya se olvidaron de lo que pasó en el vecino país y están empeñados en reparar, con emisiones de papel moneda, la masiva destrucción de valor económico y de fuentes de trabajo que están ocasionando.

 

En este caso su pretexto para destruir el tejido económico del país es el de combatir un coronavirus que no constituye peligro alguno para el 99,999% de la población. Sin embargo, a esa población la han contagiado con una enfermedad mental llamada "miedo irracional". 

 

Entonces los políticos se han escudado en ese "miedo irracional" y en los equívocos conceptos de unos "expertos" que han presentado a este coronavirus como un monstruo de apocalípticas proporciones a pesar que NO supera en tasas de mortalidad al de las epidemias estacionales de gripe, para asestarle un golpe fatal a las economías de sus países y a la disponibilidad de los recursos que se requieren para la atención de las necesidades básicas de las poblaciones.

 

Estos políticos, entre los cuales Claudia López es una de las mas fieles exponentes, ni siquiera se dan cuenta que se están disparando en los pies. Que puede que ahora gocen de una cierta popularidad como animadores de la mascarada que se ha creado alrededor del coronavirus, pero que mas temprano que tarde estarán con las manos vacías, sin capacidad alguna para llegarle a una población sumida en el desempleo y la miseria.