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Jorge Ospina Sardi
En Colombia todavía no hay la percepción de que ocurrirá un bajonazo en la economía de grandes proporciones. Y pareciera que el presidente Álvaro Uribe no se ha percatado de lo que se viene. En distintas intervenciones Uribe habla como si Colombia estuviera blindada al choque que vendrá con la crisis económica global. Y que está blindada gracias a él, por supuesto. Pero eso sencillamente no es cierto. Eso es pensar con el deseo.
El problema tiene mucho que ver con la manera de ser de Uribe que cree que todo lo bueno que sucede en Colombia se debe a él, y que si algo bueno no ha sucedido es porque él no ha estado involucrado en el tema. Y valga decir la verdad, después de más de seis años de Uribe, la gente ha llegado a creer en esa interpretación.
En el caso de la economía, los colombianos creen que los buenos tiempos vividos en estos años, 2004-primer semestre 2008, se originaron por Uribe. Es cierto que Uribe ha tenido aciertos de política económica, pero también desaciertos, lo que será tema de otra columna. Tampoco nadie discute que el éxito, hasta ahora, de su política de seguridad democrática, contribuyó en forma importante a apuntalar el buen desempeño económico reciente.
Pero, al igual que los demás presidentes latinoamericanos, Uribe ha subestimado la incidencia de la bonanza de la economía internacional sobre la economía de la región y más específicamente, sobre la de Colombia. En su afán de llevarse los méritos, se ha ufanado una y otra vez que él, y solo él, es el artífice del alto crecimiento económico de los últimos años.
Pues bien, un análisis desapasionado lleva a la conclusión de que un componente bastante significativo del auge económico reciente de Colombia se debió a la bonanza sin precedentes que se dio a nivel planetario. Las economías de todos los países experimentaron durante esos años un muy elevado crecimiento. En el caso de los países emergentes se lograron tasas de aumento del PIB récord desde que se llevan estas estadísticas. El 'boom' de los precios internacionales de los productos básicos (que son los que exportan muchos de estos países incluido Colombia) y que se desplomó a partir de agosto de 2008, tuvo una duración que no se veía desde hace varias décadas.
Colombia no tenía por qué ser la excepción a lo que estaba pasando con sus vecinos y con los precios internacionales de sus exportaciones. Ni ser ajena a los altos flujos de inversión que hubo hacía países emergentes.
Pues bien, ahora que llegan las épocas de las vacas flacas por una crisis económica mundial profunda y que la economía colombiana se desacelerará inevitablemente, y que saldrán a la superficie sus debilidades incluidas las no atendidas u ocasionadas por las políticas del actual gobierno, ¿cuál será la explicación que dará Uribe? Si las buenas épocas fueron debidas exclusivamente a él, ¿las malas lo serán?
Ojalá estos tiempos nublados que se vislumbran le sirvan a los colombianos para dejar a un lado esa creencia infantil o mágica de asignarle a los gobiernos de turno todo lo bueno y lo malo que pasa en el país. Creencia esta que Uribe ha contribuido a enraizar en la mente de los colombianos.
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