Sistema cambiario cancroide: Son múltiples las ventajas de la dolarización

Jorge Ospina Sardi

 1. Manejo económico errático

En una economía globalizada es importante un marco que favorezca la libre iniciativa empresarial, que se distinga por la estabilidad en las reglas de juego y que, en últimas, permita programar a largo plazo. Durante décadas Colombia ha manejado su moneda, el peso, en forma díscola, por decir lo menos. Nuestros economistas han propagado el mito de que Colombia es una economía estable y bien administrada. La realidad ha sido otra.

Por ejemplo, para sólo hablar de lo que ha pasado en los últimos doce años, hemos pasado por una gran recesión, por inflaciones desbordadas, por devaluaciones masivas y por tasas reales de interés superiores a 30%. Y también por apreciaciones significativas del peso, por una liquidez sin precedentes y por crecimientos insostenibles de la demanda interna. Más volatilidad imposible.

Y si nos remontáramos a otras épocas, el panorama no es diferente: recesiones y contracciones seguidas de períodos no sostenibles de un crecimiento económico apenas aceptable. Y el denominador común detrás de estas fluctuaciones ha sido una tasa de cambio en extremo variable.

Al lado de esta volatilidad, las autoridades han modificado las reglas de juego en varias oportunidades, unas veces para restringir el ingreso de capitales y otras para permitirlos.

A los funcionarios públicos que tienen la responsabilidad de estos temas, no les ha temblado la mano para modificar a su gusto las reglas de juego que inciden sobre las decisiones empresariales, ajustándolas a su muy particular concepto sobre la forma como ellos creen que debe evolucionar la tasa de cambio. Lo hacen con frecuencia presionados por intereses sectoriales que se sienten lesionados con las variaciones de la tasa de cambio, en un sentido o en el otro.

 2. El cuento de la soberanía

Muchos argumentan que si Colombia dolariza su economía pierde soberanía. Pero actualmente la tasa de cambio está sometida a una cantidad de variables que dificultan su manejo e impiden su estabilidad. Muchas de esa variables no depende de los colombianos. Cualquier cambio en los mercados financieros internacionales se refleja inmediatamente en el valor del peso frente a las monedas fuertes. ¿Qué clase de soberanía es la actual en la que la tasa de cambio oscila bruscamente, en un sentido o en el otro, cada vez que algo sucede en los mercados financieros internacionales?

Naturalmente, si la economía colombiana fuera menos vulnerable podría disponer de una moneda más estable. Una moneda menos sujeta a oscilaciones no deseadas. Pero para eso se requeriría de una política fiscal y monetaria más ortodoxa de la que tradicionalmente se ha aplicado en el país. Y en verdad, lo que define la soberanía, no es el manejo de la moneda sino la fortaleza de la economía en los distintos frentes. Eso es lo que interesa finalmente y no los juegos de unos economistas alucinados con la posibilidad de manipular la tasa de cambio.

El argumento de la soberanía se extiende a la idea de que se pierde autonomía en el manejo fiscal. En realidad lo que sucede es que con el sistema actual hay carta blanca para emitir y gastar más allá de lo que se tiene. Es decir, este argumento es a favor de un marco flexible que permita actuar irresponsablemente. En cambio, con la dolarización hay un menor margen para incurrir en crónicos déficit fiscales, como los que ha padecido Colombia a lo largo de su historia desde la Independencia.

3. Malo por donde se lo mire

El sistema cambiario colombiano actual es uno de altos costos de transacción, que afecta con especial dureza al pequeño y mediano empresario que busca globalizarse. Es uno que genera incertidumbre y eleva el riesgo de negociar con el resto del mundo. Es uno que se presta a la manipulación por unos funcionarios públicos que nada pierden si cometen crasos errores, tal como ha sucedido con frecuencia en el pasado. Es un sistema confuso y lleno de papeleo y tramitación inoficiosa. En resumen, es un sistema cancroide que no tiene parangón en ningún otro país.

En una economía globalizada una moneda inestable como el peso es un estorbo. Nadie sabe qué va a pasar con la tasa de cambio en las próximas horas. Es un elemento de incertidumbre que se agrega a otros muchos otros que tiene la economía colombiana. Las frecuentes modificaciones en la tasa de cambio llevan a decisiones empresariales erróneas. Si no es así, que lo digan los numerosos exportadores que ampliaron su capacidad instalada cuando el peso estaba devaluado a comienzos de la presente década, para que al poco tiempo se revirtiera bruscamente el valor real de la tasa de cambio y sus proyecciones quedaran vuelta añicos.

Y ahora, con la crisis económica internacional que empezó en septiembre de 2008 y que se extenderá por lo menos durante los próximos dos años, se revertirá la tendencia y entrará Colombia en un nuevo proceso de devaluación del peso. Quedarán tendidos en el campo aquellos empresarios que invirtieron sobre la base de la estabilidad que el valor del peso tuvo durante las buenas épocas, entre 2005 y primer semestre de 2008.

4. Multiples ventajas

La dolarización minimiza la incertidumbre, reduce los costos de transacción con el resto del mundo y enseria el manejo económico.

Con la dolarización se protege el ahorro de la gente. Se evitan inflaciones desbordadas, que constituyen el impuesto más regresivo de los múltiples que ha inventado la humanidad. La mayor estabilidad en el valor de la moneda es una garantía para la población de que el valor de sus ahorros no depende de los manejos discrecionales y desacertados por parte de los funcionarios públicos de turno.

En términos generales, la dolarización amplía el horizonte de tiempo de las decisiones de ahorro e inversión. Le permite al sector financiero prestar a más largo plazo. Le facilita al sector empresarial la toma de decisiones en relación con sus proyectos. Y le simplifica enormemente a la gente el intercambio con la economía internacional, en momentos en los cuales la globalización luce como un proceso irreversible.

 
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