| La culpa es de la voracidad del socialismo moderno |
| martes, 26 de julio de 2011 | |
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Jorge Ospina Sardi Los abusos con el gasto público, las excesivas regulaciones y las políticas financieras y monetarias irresponsables son las causantes de la actual crisis económica global.
Está de moda en algunos círculos achacarle la culpa del surgimiento y reventón de las burbujas económicas al capitalismo. Pero resulta que el mundo actual no es capitalista sino socialista y que los ciclos económicos recientes han sido consecuencia de políticas socialistas que han distorsionado por completo el sistema económico. Nada más alejado del capitalismo que un sector público que sufre de hipertrofia, como sucede actualmente en la mayoría de los países del planeta, incluidos Estados Unidos y la Comunidad Europea. Los gigantescos déficit fiscales y unas deudas públicas impagables por lo elevadas, son resultado de la aplicación durante décadas de las políticas socialistas de gasto público. Son el resultado principalmente de utilizar la agencia del Estado en un vano intento para resolverle problemas existenciales a distintos grupos de la población, sin tener los recursos para hacerlo. Son resultado, en últimas, de las acciones de políticos irresponsables que se han acostumbrado a repartir sin prudencia alguna el dinero que no les pertenece. Estos políticos son tan irresponsables que no solamente han hipotecado a los países que han gobernado, sino que ahora culpan al capitalismo por una quiebra que es de su exclusiva hechura. Son los mismos políticos que siguiendo lineamientos socialistas le han impuesto al sistema productivo los mayores tributos, trabas y regulaciones que conozca la humanidad. Al tiempo que desaniman y reprimen la actividad productiva, le exigen a quienes ellos llaman capitalistas que se sacrifiquen para mantener unas redundantes burocracias corruptas y para sostener a grupos de la población que pudiéndolo hacer poco o nada aportan a la economía. Tampoco son inherentes a un sistema capitalista las orgías del sector financiero que promueven los gobiernos que adoptan políticas socialistas. En un sistema capitalista bien entendido, el sector financiero no podría prestar mucho más allá de lo que recibe como depósitos. Si se quiebra es por su cuenta y riesgo. Pero como el principio socialista es que hay que prestarle a todo el mundo, incluido el que no tiene como pagar, los gobiernos actuales se han inventado la ficción de que por cada dólar de depósito el sector financiero puede prestar más de 10 dólares y con frecuencia, dirigir sus créditos a grupos seleccionados con criterio político mas no económico. En otras palabras, en el sistema socialista actual el sector financiero puede darle la vuelta al dinero sin ningún respaldo en términos de ahorro real y puede prestarle a quienes no tienen una suficiente capacidad de pago. Y obtener así más utilidades que las razonables durante el ciclo expansivo de creación de las burbujas. ¡Pero no sólo eso! Si por alguna razón la cadena de pagos se interrumpe, los gobiernos actuales salen a respaldar los depósitos de los ahorradores, así como a sacar del atolladero a los acreedores de última instancia del sector financiero. Es ni más ni menos la aplicación de aquel añejo sueño socialista según el cual hay que eliminar el riesgo de toda actividad económica, en este caso la financiera, utilizando a la agencia del Estado para rescatar a la gente víctima de los desastres que sus propias políticas socialistas ocasionan. Naturalmente si el sector financiero puede prestar más de diez veces su capital y si los gobiernos garantizan que al final de cuentas inversionistas y ahorradores serán rescatados, entonces, por qué sorprenderse de la proliferación de malos préstamos y de la quiebra de bancos e instituciones financieras involucrados en este carrusel de la alegría. No sobra repetirlo una y otra vez: ni los insostenibles déficit fiscales actuales, ni las deudas públicas y privadas completamente desproporcionadas, ni la emisión monetaria con la cual se busca mantener artificialmente la duración de absurdas burbujas financieras, ni las pesadas regulaciones y tributos que asfixian el espíritu de emprendimiento de los pueblos, nada de eso hace parte de un sistema capitalista bien entendido, sino que por el contrario son elementos constitutivos del marco institucional y político que promueve el socialismo moderno. Se trata de un socialismo voraz que se asemeja al perro que sufre de piquiña y que cree que la solución a sus males radica en morderse con inusitado empeño su propia cola. |
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