El talón de Aquiles de Uribe
Jorge Ospina Sardi

Según la última encuesta Gallup, el nivel de aprobación del presidente Álvaro Uribe en el manejo de la economía ha caído de 62% a 49% entre agosto y diciembre de 2008. Esto coincide con la percepción de que la economía está empeorando, la cual ha pasado de 43% a 57% en el mismo lapso. Naturalmente el descenso de la actividad económica a raíz de la crisis económica global afectará la popularidad de Uribe. Podría llegar a convertirse en su principal talón de Aquiles a la hora de evaluar su gestión y de lograr una reelección.
 
Según las proyecciones de LaNota.com, es poco lo que puede hacer Uribe para mitigar el impacto de la fuerte contracción del sector externo que se presentará en los próximos dos años. Este choque externo se traducirá en una disminución significativa de los ingresos de divisas por distintos conceptos, incluidos exportaciones, inversión extranjera, crédito externo para el sector privado y remesas de colombianos en el exterior.

La reducción durante 2009 actualmente prevista en ingresos externos en relación con 2008 fue estimada inicialmente por LaNota.com en US$11.600, sin incluir la baja en las remesas. Pero esas proyecciones fueron hechas con un precio promedio del petróleo de US$55 barril para 2009, que actualmente luce optimista. Este precio no sólo es determinante en los ingresos de exportación de Colombia, sino que es clave en el desempeño de las economías de Venezuela y Ecuador. Y bien se sabe las importantes interrelaciones que existen entre la economía colombiana y las de sus vecinos.

O sea que todo parece indicar que la situación será aún más complicada de lo que se plantea en las proyecciones de LaNota.com, en particular si los precios internacionales del petróleo y de otros productos básicos caen más de lo inicialmente estimado. No hay como reemplazar una pérdida súbita de ingresos externos cercana a 6% del PIB de un año para otro. No hay nada que pueda llenar el vacío. Paquetes de estímulo, con recursos que no existen, no sólo dificultarían el manejo de la inflación y la inevitable corrección en el nivel de la tasa real de cambio, sino que impedirían un ajuste rápido al nuevo entorno económico internacional y haría más lenta la recuperación cuando la situación internacional sea menos desfavorable.

Uribe y su ministro de Hacienda Oscar Iván Zuluaga no le han contado al país lo que se le viene el próximo año. Hay una cierta complacencia en pensar que la situación está bajo control y que Uribe, el todopoderoso, evitará que Colombia atraviese por un momento económico sumamente complejo, por decir lo menos.

Las dificultades que apenas empieza a enfrentar Uribe en el área económica son las mismas de otros mandatarios. Gobernantes (y políticos) le han hecho creer a la gente que de ellos depende exclusivamente la evolución económica de los países. Y cuando se presenta un fenómeno estructural como el actual, que se gestó en los últimos quince años y que es resultado de políticas monetarias y fiscales irresponsable a lo largo y ancho del planeta, entonces, es apenas normal que la gente culpe a sus gobernantes (y a los políticos) de la mala situación económica, sin detenerse en análisis realistas y sólidos de causa-efecto.

Bien haría Uribe en ejercer su liderazgo contándole a la gente que vienen tiempos muy difíciles, para los cuales es imprescindible, ahora más que nunca, la unión de los colombianos y unos importantes ajustes en los niveles de gasto de hogares, empresas y gobierno. Y pensar de verdad en cómo hacer de la economía colombiana una mucho más eficiente y productiva, por ejemplo, con reformas de fondo en materia tributaria, cambiaria y de manejo del gasto público. Precisamente el tipo de reformas que se han postergado en un gobierno obsesionado con la reelección y con la micro administración de problemas macro.
 
 
 
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