Crisis económicas, políticas de estímulo y niveles relativos de deuda
Jorge Ospina Sardi 
 
Una cosa es el impacto de políticas fiscales y monetarias expansivas cuando la deuda de hogares, empresas y gobierno es relativamente baja, y otra cosa lo es cuando ese nivel de endeudamiento ya es alto.

Es curioso que muchos economistas no tengan en cuenta el nivel de deuda como una de las variables fundamentales a la hora del diseño de las políticas fiscales y monetarias. En Estados Unidos —y en la mayoría de los países— se emprendieron políticas fiscales y monetarias expansivas durante dos décadas, que concluyeron en sucesivas burbujas (la de la tecnología a finales de los años noventa, y recientemente la de la finca raíz, la del sector financiero y la de los productos básicos). Durante esas burbujas aumentó la deuda de hogares, empresas y gobiernos, a niveles excesivos bajo cualquier criterio de medición.

(Uno de esos criterios podría ser el saldo de la deuda sobre una medición de ingresos corrientes: por encima de 40% el peso del servicio de la deuda adquiere dimensiones preocupantes. Otro podría ser el saldo de la deuda sobre el valor de los activos o sobre el PIB cuando se trata de la deuda del gobierno o de los grandes agregados de la deuda privada. Pero, si fuera necesario, se podría llegar a mediciones más elaboradas según sea el sector de la economía).


El mal ejemplo de Estados Unidos

Lo anterior se puede ilustrar haciendo referencia a la situación económica actual de Estados Unidos. La administración del presidente Barack Obama se ha empeñado en bombear liquidez para que el sector financiero preste de nuevo y el sector productivo pida prestado de nuevo. Para tales efectos, la Reserva Federal está proporcionando una significativa liquidez adicional con base en emisión y el gobierno federal igualmente con base en un considerable aumento de su déficit.

Sin embargo, el problema es que el nivel actual de la deuda de hogares, empresas y gobierno federal es muy superior al de hace 20 o 10 años. En otras palabras, en el caso de Estados Unidos —y peor aún en el caso de Europa— el saldo de la deuda pública y privada es actualmente muy elevado.

Ahora bien, si los niveles de deuda son excesivos (nadie podría probar lo contrario), entonces, surge un gran interrogante: en un entorno así, ¿cuál sería el impacto sobre el crecimiento económico de políticas fiscales y monetarias que conducen a un aumento adicional de la deuda?

A través de los paquetes de estímulo fiscal, un segmento del sector privado recibirá recursos baratos o gratis del gobierno federal. Los beneficiados de primera instancia lo utilizarán en lo que consideran es su portafolio más provechoso de alternativas. En las actuales circunstancias, un lugar preponderante dentro del portafolio lo ocuparía el pago de deudas ya adquiridas. Otra alternativa sería la de ahorrar en anticipación de épocas más difíciles. También estaría la posibilidad de gastar en el consumo de bienes básicos de la canasta familiar. Como sea, lo último en dicho portafolio sería aprovechar el ingreso adicional recibido para aumentar una deuda cuya carga ya es excesiva.

Hoy por hoy, para los numerosos hogares y empresas estadounidenses que tiene un alto endeudamiento lo prioritario es refinanciar las deudas existentes, antes que comprometerse con deuda adicional. No es el momento de nuevos emprendimientos o inversiones. Pero estas refinanciaciones no necesariamente ayudan a terminar con la recesión. Pueden prolongarla si el sistema financiero es inducido a otorgarlo a hogares sin capacidad de pago o a empresas no viables. Si se abusa de las refinanciaciones, se evita el saneamiento de la cartera del sistema financiero.

En el caso de las entidades financieras que son beneficiadas con las políticas expansivas, reciben dinero barato (por ejemplo, de la Reserva Federal) para supuestamente prestarlo más caro y hacer así un buen negocio. Pero al no encontrar deudores viables que demanden crédito, no devolverán ese dinero al sector productivo. También sucede lo mismo con los mayores saldos de caja que terminan depositados en el sistema financiero por cuenta de hogares y empresas. No habrá suficientes sujetos confiables que demanden y reciban préstamos.

La demanda por los recursos adicionales que llegan al sistema financiero provendrá casi exclusivamente de un solo sujeto, el más insaciable de todos, que no es otro que el gobierno federal. Sus crecientes déficit deberán financiarse con la colocación de títulos del Tesoro entre el público y la Reserva Federal. El sistema financiero terminará por comprar una parte importante de esos títulos, considerándolos, al menos por ahora, como una de las inversiones menos riesgosas del mercado.

En último término, los recursos del gasto adicional del gobierno federal o de los créditos baratos proporcionados por la Reserva Federal al sistema financiero, darán la vuelta para ser utilizados principalmente en la compra de los títulos del Tesoro. El resultado final principal de todas las maniobras fiscales y monetarias será un mayor gasto público financiado con un aumento adicional de la ya muy elevada deuda del gobierno federal.


La única salida es reducir el gasto

Con altos niveles de deuda pública y privada, tal como es el caso de Estados Unidos (y de Europa en donde la deuda pública de varios países supera 100% del PIB), la única salida para reiniciar un proceso de reactivación económica sostenible es mediante su reducción a niveles “razonables”. Ello sólo se logra con una disminución del gasto, que traiga consigo un aumento permanente del ahorro de hogares, empresas y gobierno. En otras palabras, la salida a la crisis arranca por un proceso de ajuste, que no es otra cosa que un reacomodo a niveles viables de gasto. Sólo después de que este proceso haya tenido lugar, es posible una reactivación sobre bases más sólidas y duraderas.

Lo que provoca el reventón de las burbujas económicas es primordialmente la incapacidad de los agentes económicos para cubrir sus excesivas deudas. Llega un momento en el cual muchas de las deudas se vuelven impagables. Cae el valor de los activos. Se acrecienta el peso relativo del servicio de la deuda. Muchos se quiebran, incluidas varias entidades financieras. Los déficit de los gobiernos aumentan, al descender sus recaudos tributarios y no ajustar sus gastos a las nuevas realidades, lo que compromete aún más la estabilidad futura de la economía.  

En condiciones de un excesivo endeudamiento de hogares, empresas y gobierno, las políticas fiscales y monetarias expansivas impiden o retardan los ajustes en los niveles de gasto. Mantienen un status quo de estancamiento. Transmiten el mensaje de que las empresas no viables podrían sobrevivir y de que los hogares sobre endeudados podrían mantener invariables sus niveles de gasto. Y de que los gobiernos cuentan con recursos ilimitados para financiar sus crecientes déficit.

Podría suceder que con políticas cada vez más expansivas, como las que se están aplicando en Estados Unidos y Europa, hubiera una reactivación de corta duración, pero lo sería a costa de niveles de deuda todavía más altos, que harían mucho más difícil lograr una salida definitiva a la crisis. Pero además, la efectividad de esas políticas progresivamente expansivas para reactivar una economía ya en extremo sobre endeudada tiende a ser decreciente: generan una corriente cada vez menor de consumo e inversión. Y las expectativas que se crean con el hecho de que la crisis no está siendo enfrentada como debe ser, refuerzan las tendencias negativas.


Política macroeconómica y niveles de deuda


Como regla general, entre más alto el nivel relativo de deuda de hogares, empresas y gobierno, menor es el impacto sobre la actividad económica de los paquetes de estímulo fiscal y monetario, y mayor es el peligro de un aumento de la inflación en el cercano futuro.

Desde el punto de vista de las autoridades, es fundamental preguntarse si hay margen para emprender políticas fiscales y monetarias expansivas. Ese margen dependerá en gran medida de los niveles relativos de la deuda de hogares, empresas y gobierno. El problema es que gobiernos y bancos centrales no tienen límite en lo que pueden hacer al respecto. La tentación será siempre la de exagerar el tamaño de la intervención. Creerán que tienen la fórmula mágica para evitar ciclos económicos que ellos mismos han ocasionado con sus políticas fiscales y monetarias irresponsables.

Los niveles relativos de la deuda de hogares, empresas y gobierno son, entonces, determinantes para evaluar la viabilidad o fortaleza de los procesos de crecimiento económico. Si esos procesos no traen consigo un aumento significativo en los niveles relativos de las deuda —y si ellos son “razonables”— es posible argumentar que la política fiscal y monetaria es responsable. Pero si el crecimiento se acelera sobre la base de aumentos significativos en los niveles relativos de deuda, la conclusión sería que ese crecimiento no es sostenible, que las políticas fiscales y monetarias son irresponsables, y que eventualmente conducirán a una brutal corrección, tal como la que actualmente están experimentando las economías más importantes del planeta.
 
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