| La crisis no es la del capitalismo sino la de la social democracia |
| lunes, 16 de enero de 2012 | |
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Jorge Ospina Sardi Muchos sostienen que la crisis económica global es la del capitalismo. Se equivocan. Es la crisis de un seudo capitalismo o socialismo disfrazado de oveja llamado social democracia.
¿Qué tiene que ver el capitalismo con unos gigantescos estados bienestar que gastan mucho más de lo que reciben en impuestos y que se han sobre endeudado hasta niveles absurdamente altos? La respuesta es obvia. Nada que ver. Estos inflados estados son el resultado, no de la libre operación de las fuerzas de mercado, sino de la actuación de políticos irresponsables elegidos por poblaciones también irresponsables que lo único que buscan son prebendas y beneficios sin necesidad de aportar o contribuir mayormente al sistema productivo. Bajo el hechizo del terminacho “justicia social” los gobernantes de casi todos los países del planeta se han dado a la tarea de gastar lo que no se tiene. La “justicia social” significa atender con gasto público o subsidios cruzados cualquier demanda de la población o cualquier ocurrencia de los gobernantes sin importar si existen los recursos para hacerlo. Como los recursos disponibles son limitados, y como subir impuestos también tiene un límite y es impopular, entonces la salida fácil es la de endeudarse. La de acudir a préstamos o colocación de bonos hasta niveles que son estirados al máximos con políticas monetarias extremadamente laxas. Con el uso y abuso por parte de los gobiernos de su monopolio de la moneda. Ante la insuficiencia de recursos para respaldar el pago de las deudas y los compromisos demagógicos de la “justicia social” se acude con desparpajo a las emisiones monetarias masivas, cuyo impacto principal es la inflación, un impuesto por la puerta de atrás que terminan pagando primordialmente los más pobres y vulnerables. ¿Qué tiene que ver el capitalismo con este invento de los políticos llamado “justicia social”, con el monopolio de la moneda por parte de los gobiernos, y con las emisiones monetarias masivas? La respuesta es más que obvia. Nada que ver. Los políticos se las han arreglado a través de los gobiernos para imponer toda clase de restricciones a la explotación de recursos naturales de vital importancia para el crecimiento económico, como en el caso de los hidrocarburos. Así también los gobiernos restringen el libre movimiento de capitales, de mano de obra y de bienes y servicios entre unas fronteras que son al final de cuentas artificiales. Esas restricciones ocasionan tremendos sobre costos a las actividades productivas y colocan en posición ventajosa a los grandes intereses económicos frente a los más pequeños y menos poderosos. ¿Qué tiene que ver el capitalismo con estas restricciones artificiales al ingenio productivo y espíritu de emprendimiento del ser humano? La respuesta, ni para que repetirla. Nada que ver. Los gobiernos han creado un sistema financiero completamente regulado, totalmente controlado y manipulado por ellos, sin riesgo para el que ahí ahorra, y con permanentes estímulos (especialmente el de las bajas de interés) para quien presta. Estos sistemas financieros pueden expandir su cartera en más de diez veces el capital que poseen. Son rescatados cuando fallan. ¿Que tiene que ver el capitalismo con sistemas financieros que por las regulaciones existentes no son más que apéndices de las autoridades monetarias y cuya actividad está libre de los riesgos normales implícitos en otros negocios? La respuesta sigue siendo la misma de antes. Nada que ver. Estos gobiernos alteran los precios relativos de los factores de producción, incluido el factor trabajo, de diferentes maneras. Modifican los patrones de consumo e inversión. Se involucran en las pensiones y seguros de salud. Restringen los tribunales de arbitramento en disputas privadas. Obstaculizan la competencia con costosas licencias para la entrada de nuevos productores en determinados sectores. Subsidian a consumidores en detrimento de otros consumidores. ¿Qué tiene que ver el capitalismo con un sistema político que se entromete en todos los rincones de la vida económica, con un sistema que entorpece de mil maneras la libertad de iniciativa de individuos y empresas? La respuesta vuelve a ser la que ya se conoce. Nada que ver. De manera que lo que existe en la mayor parte del planeta, lo que está en crisis no es el capitalismo. Es un seudo capitalismo, con gobiernos que se abrogan facultades supremas para hacer y deshacer. Este seudo capitalismo no es más que un socialismo disfrazado con piel de oveja. Es un socialismo al cual se le aplica un barniz de capitalismo. Es lo que se denomina social democracia. En un capitalismo bien entendido el gasto en una sociedad está estrechamente vinculado a lo que se produce y ahorra, y la remuneración depende fundamentalmente de la contribución o aporte productivo que los individuos hagan y no de la presión política que ejerzan para recibir toda suerte de prebendas y beneficios sin contraprestación alguna. Donde el crecimiento y avance económico se origina ante todo en el mayor trabajo, y en aumentos de la productividad e innovaciones tecnológicas. Donde no hay espacio para la prosperidad al debe, para una prosperidad sustentada en el espejismo de un creciente endeudamiento y de masivas emisiones monetarias. Este capitalismo bien entendido está lejos de implementarse en países como Estados Unidos, Europa, Japón y otros. Sin embargo, los políticos que los gobiernan y sus voceros en la academia y medios de comunicación, argumentan que el endeudamiento y estancamiento que las políticas socialistas han generado, es una crisis del capitalismo y que la respuesta es más controles y más gasto público financiado con más impuestos, más deuda y más emisión. O sea más socialismo, más social democracia, más de lo mismo que produjo la crisis económica global. La crisis de la social democracia es tergiversada echándole la culpa al fantasma de un capitalismo que sencillamente no se ha puesto a prueba. Toda una estrategia política para convencer a ingenuos y evitar hacer las reformas de fondo a un sistema político que conduce lenta pero inexorablemente a la ruina económica. |
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