La crisis del modelo social demócrata europeo
jueves, 14 de julio de 2011
Todos en Europa son social demócratas. Por mucho tiempo, todos felices repartiendo y recibiendo dinero del que no tienen. Sin embargo, el modelo finalmente hizo agua.

Las deudas de los gobiernos de los distintos países de la Comunidad Europea (CE) bordean 100% del PIB. Unos un poco menos y otros bastante más. Después de la crisis todavía no resuelta de países periféricos como Grecia, Irlanda y Portugal, los mercados financieros internacionales tienen la mira puesta en España e Italia. Se trata de dos economías de un tamaño muy superior a los periféricos y cuya insolvencia, que parece inevitable, hundiría a la CE en una crisis económica sin precedentes.

El ministro de Finanzas de Italia Giulio Tremonti advirtió que Europa corre el riesgo de sufrir el mismo destino que el Titanic. Señaló que “la salvación no llega desde las finanzas, sino desde la política. Pero la política no puede cometer errores, porque es como con el Titanic: no se salvan ni siquiera los pasajeros de primera clase”.

En realidad, a lo que se refiere el ministro es a que los políticos de ahora les corresponde recortar una parte significativa de los beneficios sociales que los políticos de ayer concedieron sin reparar en su costo, gracias a un creciente endeudamiento. Estos políticos de ayer, muchos de los cuales todavía están vigentes, repartieron prebendas a diestra y siniestra, presentándose como grandes benefactores de la población. Lo que nunca explicaron es que no había los recursos para respaldar su populismo.

Pero resulta que a cierto plazo ese populismo no sale barato. Al contrario, se devuelve con fuerza y especialmente en contra de los más débiles. Recesión y desempleo. Desvalorización del valor de las monedas y de los activos de los hogares. Pérdida generalizada del poder adquisitivo de la población.
 
La ilusión de una prosperidad al debe engaña cruelmente al común de la gente porque le hace creer que pueden poseer más de lo que producen. Que tienen un derecho inalienable a recibir más de lo que aportan al sistema productivo, en aspectos como pensiones, salud, educación, protección del medio ambiente y otra infinidad de “bienes sociales”.

Tal es el ideal de la social democracia: repartir no hasta el límite de los recursos disponibles, sino hasta el límite del máximo endeudamiento posible. Pero resulta que gracias a artificios contables y a mecanismos creativos de financiación, ese máximo endeudamiento se puede transformar en un nivel completamente insostenible de endeudamiento.

Hay que imaginar países que entre hogares, empresas y gobiernos deben más de 300% de todo lo que producen en un año. No sobra el símil con una empresa cuya deuda que equivale a 300% sus ingresos por ventas anuales. No se requiere ser un experto para pronosticar que la quiebra es la única salida, con todas sus duras consecuencias sobre dueños y empleados.  

Para rematar este oscuro escenario que se cierne sobre la economía global, el actual Presidente de Estados Unidos Barack Obama, le dio por implementar en la principal economía del planeta el modelo social demócrata. Como resultado, durante tres años el déficit del gobierno federal ha superado anualmente US$1.2 trillones, y la deuda se está aproximando con inusitada rapidez a ese ideal social demócrata según el cual todo gobierno que se respete debe tenerla por encima de 100% del PIB. En cuestión de tres años Estados Unidos se convirtió en un país con los mismos problemas fiscales y financieros que aquejan a la CE, e incluso con una trayectoria más explosiva.

Puede que la actual crisis sirva para que la gente se percate que el buen liderazgo político no consiste en repartir desde los gobiernos lo que no se tiene, sino solamente lo que se tiene. Pero eso es mucho pedirle a la recientemente “indignada” humanidad, dada su intrínseca inclinación a reclamar beneficios superiores a sus merecimientos y su propensión a creerle a quien mas endulza sus oídos.
 
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