| Zarpazo de Nicaragua a Costa Rica no tiene vuelta atrás |
| domingo, 14 de noviembre de 2010 | |
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Un país que depende de terceros para defender su soberanía corre el riesgo de perderla. Costa Rica no tiene como recuperar Isla Calero.
Antes de llegar al Caribe, el río San Juan, que es la frontera reconocida entre Costa Rica y Nicaragua, se bifurca en dos. Uno de los cauces, el que queda al norte, es la continuación del Río San Juan. El otro cauce, el queda al sur, recibe el nombre de Río Colorado. La isla que se forma entre los dos ríos y el Caribe es lo que se llama Isla Calero. Su extensión es de aproximadamente 150 kilómetros cuadrados. En un viejo tratado se estableció que el Río San Juan, si bien era la frontera entre ambas naciones, pertenecía a Nicaragua. Desde entonces este país ha soñado con construir un canal por este río que le compita al Canal de Panamá. Por otro lado, han sido innumerables los incidentes con Costa Rica porque Nicaragua incumple lo acordado en los tratados que establecen que aunque el río le pertenece, la navegación es binacional. A comienzos de noviembre Nicaragua resolvió despojar a Costa Rica de Isla Calero ocupándola con tropas. Como se sabe, Costa Rica no tiene fuerzas armadas para defenderse de acciones contra su soberanía y por lo tanto, su única defensa es acudir a organismos internacionales como la OEA, la ONU y la Corte Internacional de La Haya. O a países amigos que si tienen ejércitos. ¿Qué pueden hacer estas instancias internacionales o países amigos ante este acto de agresión de Nicaragua? Condenarlo por supuesto. Pero, que se sepa, no hay nadie que esté dispuesto a mandar tropas para desalojar a Nicaragua de su recién adquirida propiedad. No se requiere ser Nostradamus para pronosticar que la Isla Calero quedará eternamente como zona en disputa, pero bajo el control de Nicaragua. Y ahí no para el cuento. Costa Rica será incapaz de evitar que eventualmente su vecino se apodere de los derechos de navegación sobre el Río Colorado, el que se convertirá en la nueva frontera. Ojalá este incidente lleve a la dirigencia de Costa Rica y a su población a pellizcarse de una vez por todas en relación con el tema de sus fuerzas públicas. En el caso de la policía, su debilidad para combatir la delincuencia es patética y no se ven acciones de fondo para fortalecerla. Tampoco hay esfuerzos serios para adecuar leyes y cárceles que permitan una lucha más eficaz contra este flagelo. Y de la falta de fuerzas armadas (ejército, aviación y marina), ¡ni para que hablar! Muchos ticos comparan a su país con Suiza en este aspecto. Pero Suiza tiene una guardia nacional preparada para defenderla en caso de un ataque por parte de otro país. Entre otras, esa guardia nacional, conformada por civiles pero preparada militarmente, es convocada cada vez que hay emergencias, no solamente de carácter bélico, sino, por ejemplo, con ocasión de desastres naturales. En el área militar, Costa Rica es prácticamente un caso único en el planeta por su indefensión. Hasta ahora se ha salvado porque no tiene muchos vecinos. Panamá por el sur no es amenaza, al menos por ahora. Sólo Nicaragua por el norte lo es. Sus otros vecinos son el Océano Pacífico por el oeste y el Caribe por el este. Sin embargo, actualmente Costa Rica es absolutamente incapaz de proteger sus mares del narcotráfico, para citar otra amenaza cada vez más preocupante. Parecería, entonces, llegado el momento para que Costa Rica revalúe el tema militar. Hay muchas alternativas dignas de analizar. Pero desafortunadamente se ve poca disposición en el gobierno de Laura Chinchilla y entre los legisladores para replantearse con sentido común y humildad el tema. |
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