Con Bush Nicaragua no hubiera agredido a Costa Rica
miércoles, 24 de noviembre de 2010
El zarpazo de Nicaragua a Costa Rica hubiera sido impensable cuando George W. Bush era Presidente. Con el simpático de Barack Obama se puede hacer de todo.
 
Con Bush, el Presidente de Nicaragua Daniel Ortega no se hubiera atrevido a agredir a Costa Rica, tal como lo hizo recientemente al apropiarse Isla Calero. Como se dice en Colombia, Ortega “no hubiera dado papaya” para justificar una eventual intervención de Estados Unidos en contra suya y a favor de su vecino. Pero ahora con Obama, lo que haga o diga Estados Unidos poco importa.  

Actualmente nadie sabe cuáles son las posiciones de la administración Obama en relación con los temas álgidos de la política internacional. Corea del Norte bombardea a Corea del Sur (antes había hundido una de sus naves guardacostas) y lo único que recibe es una amable carta de protesta y la esperanza de reuniones futuras. Fuera de eso hay claros indicios de que Corea del Norte reactivó su programa de construcción de la bomba nuclear, el que durante la era de Bush estaba congelado.

Lo mismo se puede decir de un cada vez más desafiante Irán. Por otro lado, los grupos terroristas islámicos han pasado a la ofensiva con toda clase de intentos de ataques terroristas a Estados Unidos desde distintos puntos del planeta.

Bush creía que Estados Unidos era un país excepcional, y no se guardaba el secreto. También creía que la propagación en el planeta de los derechos humanos y de la libertades políticas fundamentales era importante, lo cual se convirtió en parte integral de la política exterior de su gobierno. A Obama, en cambio, sólo se le ha visto una actitud vergonzante en relación con la historia y el poderío de su país.
 
Últimamente Obama se ha propuesto pasar por el Congreso un nuevo tratado START, que socava los intereses de su país, fortalece la posición estratégica de Rusia, y frena la instalación por parte de Washington de un sistema de misiles de defensa global.

Obama ha debilitado sus relaciones con los aliados tradicionales de Estados Unidos, tales como el Reino Unido, Israel, Japón, Polonia, y otros países amigos de Europa Oriental y Central. En América Latina le ha dado la misma importancia a las relaciones con sus más estrechos aliados que aquella con los países que le son hostiles.

En política exterior (y en economía) Estados Unidos es un gigantón zombie, sin dirección alguna. Bajo Obama, lo que se ha impuesto es una política de apaciguamiento con países hostiles. Aquello de hacer valer su condición de primera potencia del planeta ha pasado a un tercer plano, para beneplácito de países agresores como Nicaragua.
 
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